Un abuelito perdió sus pertenencias en un incendio

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Un abuelito perdió sus pertenencias en un incendio

¡Se le quemó todito!

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Galo Cevallos señala con su mano izquierda el horno destrozado por las llamas.Miguel González

Galo Cevallos se acerca con cautela hasta el filo de una ladera desde donde se observa su casa destruida. Coloca su pie izquierdo en el piso y con la mano de su mismo lado señala sus cosas calcinadas.

Una de ellas era un horno de tres compartimentos que utilizaba para hacer pan y rosquillas. No las vendía, pero sí las entregaba a sus parientes, quienes a cambio le brindaban un plato de comida.

Tiene 80 años y durante mucho tiempo se dedicó a la panadería, recuerda. Pero el único instrumento que le quedó de esa época se perdió con el fuego iniciado en esa pradera de El Trébol, sur de Quito.

El reporte que recibieron las unidades de emergencia referían que la quema era forestal. Cuando llegaron se dieron cuenta que la vivienda de Cevallos pagó las consecuencias.

El adulto mayor, entre tanto, salió de la casa para ayudar a una de las personas que le ceden parte del terreno para que viviera. “Me fui a la ciudadela México para hablar con un dentista”, señala el morador sin dejar de mirar su casita.

Salió el jueves, emprendió el viaje a pie hasta su destino. Él debía llevar un mensaje al médico de parte de una pariente de Cevallos y decirle que no podría cumplir con la cita odontológica que tenía pautada.

Al cumplir su tarea, el señor regresó a pie hasta su domicilio. Se fue por San José de Monjas y atravesó un chaquiñán, dice, para toparse con la humareda.

Aumentó la velocidad de sus pisadas y encontró a los bomberos que sofocaban el fuego alrededor de su casita. Al acercarse más, se dio cuenta de que las llamaradas también consumieron sus cosas.

“No pudimos hacer nada”, lamenta mientras señala con su mano el horno y una manguera que se usó para contrarrestar la tragedia. No solo su herramienta se acabó, sino también un televisor pequeño, dos radios, la cama y un colchón.

Ahora pasa las noches en la vivienda de los allegados que le dieron posada.

Desgracia:

Según el residente afectado, este era el segundo siniestro que se produce en su hogar.