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Al cliente de una trabajadora sexual no le 'funcionó' y por eso la agarró a machetazos

La sexoservidora que fue atacada en Quito muestra las heridas que recibió. Está traumada y sin dinero para sus necesidades, porque no puede trabajar

TRABAJADORA SEXUAL MACHETEADA
La venezolana se dedicó al trabajo sexual en el Centro Histórico de Quito. Llegó hace dos años, dejando a sus hijos al cuidado de una hermana.René Fraga

Nicole, una trabajadora sexual de 35 años, vive una doble desgracia. Esta extranjera que ya lidiaba con la falta de dinero -porque por culpa de la COVID-19 no puede laborar en el Centro Histórico de Quito-, ahora ni siquiera puede salir de casa por las heridas que le causó uno de sus clientes con un machete.

Adolorida, la mujer muestra un corte de 10 centímetros en su cabeza, otro de 3 cm en la boca y una herida más pequeña en su mano derecha.

Debido a la falta de ingresos, la ciudadana venezolana apenas puede pagar los analgésicos que toma cada seis horas para aliviar el dolor. No le alcanza para comprar comida. Y por su estado, ella debe comer en su mayoría alimentos licuados.

“Los médicos nos dijeron que todavía no le pueden sacar los puntos. Nos da miedo que se le queden encarnados”, comenta María, hermana de Nicole.

Los cortes no fueron tan profundos como para causarle alguna discapacidad. Pero quedarán las cicatrices...

Sufre traumas

TRABAJADORA SEXUAL MACHETEADA
El corte en el labio no le permite comer normalmente.Angelo Chamba

El ataque no solo la marcó físicamente. Ella quedó traumada. No puede dormir tranquila porque tiene pesadillas con el agresor abalanzándose con el machete. Tampoco está en paz dentro de la casa de su hermana, con quien fue a vivir durante la pandemia. Tiene miedo hasta de los vecinos.

Cuando acude a revisión médica, Nicole camina aterrada. Se ampara siempre en su ñaña. Ambas voltean a cada paso para ver si alguien las persigue.

Las dos decidieron cargar solas con esta desgracia. “¿Para qué vamos a decirle de esto a nuestra familia allá en Venezuela? Les daremos más tristeza”, reprocha Nicole, quien llegó a la capital hace dos años y es trabajadora sexual desde entonces.

El dinero que ganaba lo enviaba a sus dos hijos. Ambos están bajo los cuidados de una hermana de la víctima. “Pero si esto continúa así, no tendré más remedio que salir como estoy”, advierte.

Teme que el hombre tome represalias. Él fue liberado tras la agresión, situación que indigna a las dos mujeres.

Grace Quelal, funcionaria de la Secretaría de Inclusión del Municipio, detalla que seguirán con el proceso judicial. Ella conversó con la afectada para convencerla de hacer una nueva denuncia.

“Tenemos a disposición un equipo jurídico que nos ayudará a impulsar estos casos de vulneración de derechos”, precisa. Se indagará la decisión de haber liberado al sujeto y de no haber comenzado un proceso en su contra.

El ataque

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Los médicos le dieron 10 puntadas en la cabeza, la herida más grande que dejó el ataque.Angelo Chamba

La agresión a la sexoservidora ocurrió por la espalda. Ella estaba por la calle Vargas trabajando a escondidas, debido a las restricciones actuales por la pandemia. Eran las 11:00 del 28 de junio de 2020 y un hombre se acercó.

— “¿Cuánto cobras?”, le preguntó.

— “Trece dólares”, contestó Nicole.

El tipo estuvo de acuerdo y fueron a un hostal cercano para acostarse. Sin embargo, el sujeto no pudo lograr una erección, por lo que empezaron a discutir.

 “Cuando eso sucede, nosotras no podemos estar mucho tiempo en la habitación. Si el cliente se demora hasta 20 minutos, entonces tiene que cancelar otra tarifa”, explica hoy la trabajadora sexual

El cliente no aceptó salir del cuarto ni la nueva tarifa. La tomó de los brazos para obligarla a que se quedara. Nicole logró soltarse y salió a la calle. Él desapareció. Al menos eso pensó la mujer, quien fue a donde sus amigas y les contó lo que había pasado.

De repente escuchó: “¡Chama, ten cuidado!”.

Cuando volteó, el tipo le dio un machetazo en la cabeza. Nicole cayó al piso y protegió su cara con la mano derecha. Pero no sirvió de mucho, porque la lastimó al igual que el labio superior.

“Perdí el conocimiento”. Sus compañeras la cacheteaban para que no cerrara sus ojos. La llevaron a un centro de salud, donde la atendieron. Desde entonces el dolor y el miedo no la dejan dormir.

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