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¡Los pillos se ceban con el doctor de los pobres!
Durante seis meses, perdió la memoria casi por completo, fruto de un accidente de tránsito ocurrido en 2011.
Durante seis meses, perdió la memoria casi por completo, fruto de un accidente de tránsito ocurrido en 2011. Pero un recuerdo sobrevivió en su mente: el de sus pacientes pobres, que dieron sentido a su vida desde joven.
La vida del doctor Fernando Véliz no ha sido fácil. Muchas veces debió acudir a compañeros universitarios para solventar los apuros de una carrera larga y onerosa.
En mitad de la confesión llega Beatriz Romero con su hijo Josué, de 11 años, a quien le han dado un pelotazo. Oriundos de la misma zona –la porteña ciudadela Martha de Roldós–, madre e hijo aguardan el diagnóstico. El niño no tiene nada grave.
La señora hurga en una chauchera casi vacía y le deja la plata, como si fuera una propina. “Así sucede casi siempre. Saben que cobro 10 dólares, pero me dan lo que tienen. A veces ni eso”, admite.
Otra vez suena el teléfono. Es Félix Mieles, un insulinodependiente que necesita un chequeo diario. Entonces se monta en su “ambulancia”, una bicicleta tipo BMX. “Es la sexta que tengo. Las cinco anteriores me las robaron. La primera la compré en 2000. El resto, los propios vecinos y pacientes me las han regalado”, resalta.
Don Félix lo recibe investido de sincera emoción. Con su caminar tardío, a causa de un derrame, lo lleva hasta el dormitorio. “Fercho es mi doctor. Lo llamo a la una de la mañana y ya está aquí. ¡Qué haríamos sin él!”, musita sin que nadie le pregunte...
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