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Petita Albarracín: "Hoy por fin he limpiado el nombre de mi hija Paola Guzmán"

Se realizó el reconocimiento de responsabilidad del Estado por la violencia sexual y muerte que sufrió una adolescente dentro del sistema educativo

Petita Albarracín
Integrantes del Cepam junto a Petita y su familia, luego de las disculpas del Estado.Cortesía Cepam

La fotografía de Paola Guzmán Albarracín resaltaba en el salón de la Gobernación del Guayas a las 12:30 de hoy 9 de diciembre. Estaba en un marco café acompañado de flores blancas. La primera vez que Petita Albarracín, su mamá, se levantó de su silla, se dirigió directo a la imagen de su hija, quien se suicidó en 2002.

Delante de la foto, en la que se veía a Paola vestida de Blanco, la señora recibió, de parte de la Ministra de Educación, Monserrat Creamer, el título póstumo de bachiller para su hija. Esto fue parte del acto público de reconocimiento de responsabilidad del Estado por la violencia sexual que sufrió Paola, y que la llevó al suicidio.

El pasado 14 de agosto de 2020, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), emitió un fallo histórico, en el que declaró al Estado ecuatoriano culpable por la violencia y abuso sexual sistemático que sufrió Paola Guzmán, quien tenía 16 años cuando murió. Desde que tenía 14 años, era acosada y abusada sexualmente por el vicerrector del colegio donde estudiaba, Bolívar Espín, quien está libre. Su caso, por negligencia del sistema de Justicia, prescribió y su muerte no tuvo reparación sino hasta hoy.

El acto, que tuvo que ser transmitido por redes sociales como norma de bioseguridad, inició al mediodía y juntó en ese salón a Petita con el presidente Lenin Moreno, la Ministra Creamer, la secretaria jurídica de la Presidencia, Johanna Pesantes y demás autoridades educativas y del Estado que, tuvieron que pedir disculpas públicas a las parientes de Paola.

La segunda vez que Petita se levantó, se dirigió al atril para contarle a quienes asistieron que mañana, 10 de deciembre, su hija hubiese cumplido 34 años. Hubiese seguido viva si recibía atención de parte del sistema educativo que, en ese entonces, calló lo que estaba ocurriendo. 

Recordó aquel día trágico, el 12 de diciembre de 2002, cuando su hija falleció luego de ingerir diablillos, como una forma de salir del horror que estaba viviendo. La madre, que en 18 años jamás se cansó en la búsqueda de justicia, leyó un escrito para que no se le escapara ningún detalle de lo que tenía que decirle al Ecuador y al mundo.

Dijo que, aunque nada le devolvería a su niña, recibía con agrado el título de bachiller porque ese era el sueño de ella: estudiar y graduarse. "Con este título se reconoce lo que ella vivió y todo lo que el sistema le negó. He esperado 18 años para obtener justicia y ha sido un camino largo y cansado. Hoy por fin he limpiado el nombre de hija", confesó.

Los aplausos estallaron en el salón luego de que pidiera que todos los responsables de violentar a las estudiantes dentro del sistema educativo respondan a la ley y deseando que ninguna otra niña tenga que pasar lo que pasó Paola. "Y ninguna otra madre tenga que pasar por lo que yo pasé".

Durante la ceremonia, que duró 30 minutos, también se firmó el Decreto Ejecutivo 1205, de Declaración del Día de la Lucha contra la Violencia Sexual en el Ámbito Educativo, que desde este año será conmemorado todos los 14 de agosto, día en el que fue notificada la sentencia contra el Estado ecuatoriano.

El texto lo leyó Pesantes, quien reiteró que será responsabilidad del Estado erradicar todas las formas de violencia en el sistema educativo. Deberá velar por la integridad física, psicológica y sexual de las y los estudiantes.

El presidente Moreno, que a ratos escuchaba el acto con los brazos cruzados y la mirada clavada en el piso, finalizó el evento con las disculpas públicas a la familia de Paola. El Primer mandatario repitió la palabra "disculpas" en cuatro ocasiones en su discurso. 

También detalló que, en el país, al menos ocurren 1.900 denuncias de abuso sexual en los centros educativos por año. En los últimos 6 años se han contabilizado 11 mil querellas. "¡Qué vergüenza!", gritó en un momento. Y reiteró que era lo mínimo que se podía hacer para calmar el dolor por la pérdida de un hijo y el sufrimiento de Petita por la muerte de Paola, cuyo nombre por fin se limpió hoy.