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COVID-19: el peligro no pasa

Hay menos afluencia de pacientes en carpas municipales y hospitales de Quito. El fin del estado de excepción podría provocar otro pico de contagios 

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Casos sospechosos de COVID-19 llegan en ambulancias para hacerles la prueba PCR. Sobre todo a adultos mayores.GUSTAVO GUAMAN

Los puestos de triaje en la capital para atender síntomas respiratorios ya no lucen llenos. Ahora el panorama es diferente al de los primeros días de su implementación.

EXTRA realizó un recorrido y constató que las largas filas han disminuido. Martha Gordón, coordinadora de estos lugares abiertos por el Municipio, dice que, si bien las atenciones han bajado en relación a la semana del 22 de julio, el trabajo no ha terminado.

“Hemos tomado la decisión de cerrar algunos puntos fijos y hacer brigadas móviles en los barrios”, explica.

Por ejemplo, los de Nueva Aurora y de la Unidad Educativa Julio Moreno, en el sur, se levantaron para buscar casos de coronavirus en el sector de Santo Tomás, donde hay mayor afluencia de pacientes.

Lo mismo se realizará con el puesto ubicado en el colegio Calderón, norte de Quito. Según Gordón, este será movido a Marianitas y Carapungo. “Solo quedará fijo el del coliseo de Calderón porque allí está el laboratorio”, comenta.

En este último sitio, solamente esperan cuatro personas a ser atendidas. Uno es Víctor Simbaña, quien acudió a pesar de no tener síntomas. “Me hago diálisis y soy una persona de riesgo. Además, tengo 52 años”, dice.

Lo que Simbaña desea es un examen PCR.  Según Gordón, en los triajes se aumentó la capacidad de aplicación de pruebas PCR para controlar la propagación del virus. “Ya hemos llegado a las mil tomas de muestras al día. Esperamos que aumente”, explica.

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La toma de pruebas PCR se agenda en las brigadas móviles.GUSTAVO GUAMÁN

No todo es igual

En hospitales como el IESS Quito Sur se vive algo similar. Danilo Calderón, gerente general de esta casa de salud, explica que los últimos días se han atendido a 140 personas diarias con síntomas respiratorios. Los primeros meses de la emergencia sanitaria iban al menos 260.

“Hoy han llegado 27 personas a emergencias. Esto nos dice que no hay saturación y hay una mejor manera de atender los casos”, comenta.

Calderón dice que en su hospital la probabilidad de salir de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) ha subido del 50 al 70 %, lo que daría un respiro al personal médico.

Aunque no todos los centros médicos viven este panorama. Abel Godoy, jefe de UCI del hospital Carlos Andrade Marín, dice que allí la atención no ha bajado. Más bien expresó preocupación por la gravedad de los casos que han llegado.

“Puede ser que se trate de una cepa fuerte del virus o que esperan varios días para pedir atención médica”, agrega.

En este centro de salud las camas UCI siguen a tope y las de COVID-19 están al 73 % de ocupación. Al día al menos 10 personas esperan por un espacio en cuidados intensivos, según el médico.

Miedo a un rebrote

Según Alberto Narváez, experto en control de enfermedades, esta aparente disminución se debe a que la gente se asustó con la oleada de julio y principios de agosto y “se empezó a cuidar”.

Narváez también es optimista, pues esta semana se esperaba el pico de contagios por el feriado. Pero dice que la curva no ha tenido un despunte. “También se debe a las brigadas. Era necesario que los propios vecinos hagan vigilancia de los barrios”, explica.

Pero este panorama podría cambiar con la no renovación del estado de excepción, pues las restricciones terminan. “A finales de septiembre podríamos ver un nuevo pico y quizá nos toque retroceder”, agrega.

Esa misma decisión preocupa a Gordón. Ella dice que el personal de salud no está de acuerdo con el relajamiento de medidas. “El trabajo aún no termina ni el peligro tampoco”, finaliza.

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