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Tras la recuperación de la fruta de antaño

El caimito, nigüito, cauje, pomarrosa, mamey y pechiche fueron parte de la flora patrimonial de Guayaquil. Eran apetecidos en los 60 y 70.

pechiche
El pechiche busca recuperar su espacio en el hogar guayaquileños.Archivo / EXTRA

Hay una variedad de frutas que es parte de la memoria urbana, además de patrimonio gastronómico y oferta montuvia en Guayaquil, especialmente de las décadas de los 60 y 70.

Provenía generalmente de árboles silvestres que por distintos motivos han desaparecido y, por ende, dejaron de ser populares en los hogares.

Hay productos con un alto valor nutricional, como el cauje, guaijí, níspero, pomarrosa, caimito, gícama, lima, naranja lima, guayaba de palito, chocota, mamey colorado (llamado también mata serrano) y cartagena.

El níspero y el caimito están en la categoría de difícil digestión, en caso de exagerar en el consumo.

El níspero prácticamente había desaparecido; sin embargo, se lo volvió a sembrar en Manabí, con mayor fuerza cerca de Portoviejo.

Pedro Aycart es un apasionado en temas relacionados a frutas de antaño, desconocidas para las nuevas generaciones guayaquileñas.

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Comenta que los productos en riesgo de extinción rara vez se encuentran en las grandes cadenas y supermercados.

Según Boris Briones, director del Jardín Botánico, recuperar esas especies frutales no es una tarea complicada, si se lo ve desde el punto de vista técnico.

Briones sostiene que debe idearse un buen programa de propagación y crear viveros frutales endémicos para poderlos multiplicar.

Uno de los motivos por los que han desaparecido ciertas frutas típicas en Guayaquil es la migración del campo a la ciudad. Familias enteras han llegado a la urbe sin boleto de retorno a sus tierras de origen. Otra causa es la tala indiscriminada de árboles que proveen de esos frutos.

“Hay que trabajar con los municipios, establecer convenios con los ministerios para reforestar con las especies nativas. Eso daría un empuje a la agricultura y se recuperaría la producción de muchos de esos frutos, ligados a la gastronomía montuvia”, opina Artemio Quinde, gestor cultural del Pueblo Montuvio.

Tras la campaña de recuperación

Según Artemio Quinde, gestor cultural del pueblo montuvio, el hecho de que no hayan desaparecido totalmente esos frutos alienta la esperanza de recuperación de esos sabores tropicales.

Cree que las autoridades deberían estimular campañas que incentiven el consumo de las especies nativas de la Costa, además de comprar la producción a los pocos agricultores que las ofertan, para que incrementen sus sembríos y se vuelva rentable su cultivo.

Algunas especies de guayaba son frutas típicas de la cuenca baja del río Guayas. El nigüito ya no se lo encuentra, cuando hace medio siglo eran árboles muy comunes en los jardines de las casas.

Se los dejó de cultivar en los patios porque se decía que atraían a los murciélagos. Lo mismo ocurrió con el pechiche. “En la casa de mi abuela había árboles de pechiche y de chirimoya, con los que, al igual que muchas señoras de la época, acostumbraba a preparar conservas o mermeladas”, refiere Aycart.

El melón blanco de tajada con pulpa de color verde también ha desaparecido de los mercados. El que ahora se ve es el extranjero, que es amarillo.

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