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Matan al ‘Rey del morocho’ por llevarse su caja fuerte

A sus 84 años Emilio Flores fue seducido por dos mujeres que serían cómplices de los delincuentes que le provocaron la muerte.

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Familiares y conocidos llegaron a la vivienda para enterarse de la noticia.Vicente Chonillo

Dos chicas atrajeron al ‘Rey del morocho’ suburbano hasta la muerte. Las señoritas que llegaron a visitar a don Emilio Flores de 84 años —según relata Franklin Peralta— sobrino del comerciante, fueron quienes habrían abierto las puertas a dos sujetos que robaron el dinero que su tío guardaba en la caja fuerte de su casa.

Las presuntas compinches de los asaltantes tenían planeado todo. Como en la casa estaba también Carlos Flores (hijo de don Emilio), las mujeres dijeron sentirse mal y le pidieron que vaya hasta la farmacia por unas pastillas.

Ese instante, según Peralta, fue aprovechado por las mujeres para recibir a dos tipos que esperaban pacientemente afuera. Ellos inmediatamente amarraron al adulto mayor y para que no grite, le embalaron con una cinta el rostro y la boca.

Cuando Carlos volvió a casa con el encargo, fue sometido al igual que su padre. Quedaron imposibilitados de pedir ayuda y a don Emilio lo golpearon repetidamente para que diga la ubicación de la caja fuerte, hasta que el hombre perdió el conocimiento.

Lo mismo pasó con Carlos, quien de acuerdo a sus familiares, antes de desmayarse, observó como una de las mujeres llevaba a un ladrón hasta la caja fuerte. Allí su padre tenía las ganancias de sus carretas —tipo sucursales— que funcionan en las avenidas Portete y la 29.

Luego de que lograron encontrar la caja fuerte y como no pudieron abrirla, los pillos se la llevaron cargándola. Mientras tanto, las mujeres desataron a Carlos y a don Emilio quien fue llevado a un hospital donde solo se comprobó su muerte.

La Policía notificada de este robo, detuvo para investigaciones a las dos mujeres que declaraban su inocencia en este atraco. En el barrio todos los vecinos se consternaron por la muerte de Emilio. Era muy conocido por su sistema de negocio con el que dio empleo a muchas personas que atendían las carretas de morocho por la tarde y noche en el suburbio oeste de Guayaquil.