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Los ríos de Cuenca se secan

El Tomebamba tiene un caudal de 0,5 metros cúbicos por segundo, muy por debajo de los 15 metros considerados normales.

Foto de Sistema Granasa
Los incendios forestales reducen la materia orgánica, provocan cambios en la textura de las arcillas y afectan la porosidad y la capacidad de infiltración de los suelos.

Una marcada sequía se registra en la provincia Azuay. Los ríos de Cuenca están prácticamente secos, fenómeno que se presenta desde inicios de esta semana.

El Tomebamba tiene un caudal de 0,5 metros cúbicos por segundo, muy por debajo de los 15 metros considerados normales. El Yanuncay presenta un flujo de agua de 1,5 metros cúbicos por segundo; el Tarqui 0.2 metros cúbicos por segundo y el Machángara con 1,5 metros cúbicos por segundo, inferiores a los caudales regulares que oscilan entre 10 y 15 metros cúbicos, según el monitoreo que realiza la Empresa Municipal de Agua potable y Alcantarillado de Cuenca (ETAPA).

Iván Palacios, gerente de ETAPA, sostuvo que las condiciones de sequía “aún no generan peligro para el procesamiento y entrega de agua potable”. Se pide a la ciudadanía “evitar la utilización de líquido en menesteres que no sean para el aseo y la alimentación”.

En Azuay se registran temperaturas más altas de lo normal. Este jueves 17 de noviembre, cerca del mediodía, el termómetro llegó a los 27 grados centígrados. El miércoles 16 de noviembre se elevó hasta los 28 grados centígrados, superior a las regulares de 19 grados.

INCENDIOS FORESTALES

Las temperaturas elevadas contribuyen a los incendios forestales en distintos cantones. En los primeros 17 días de noviembre 450 hectáreas de vegetación de bosque nativo desaparecieron.

Los incendios con mayores consecuencias se registraron en la comunidad Buravalle, de la parroquia Cochapata. Por la magnitud del fuego los bomberos locales pidieron el apoyo de los similares de Oña, con quienes lograron sofocar parcialmente las llamas, pero la tarde del miércoles 16 de noviembre se reactivó. Pasadas las 22:00, el fuego se controló, pero se quemaron unas 60 hectáreas de pajonal y bosque.

Según la Secretaría de Gestión de Riesgos, entre el 15 y 16 de noviembre, se presentaron 12 alertas de incendio. En la zona de Chicti Alto, en el cantón Paute, se destruyeron 10 hectáreas de chaparro y bosque de eucalipto.

Galo Sánchez, coordinador zonal 6 de la Secretaría de Gestión de Riesgos, refirió que en lo que va de la temporada dos militares que se dirigían a apoyar la extinción del incendio forestal que se registró en la zona de Molleturo fallecieron. Otros dos bomberos de Girón sufrieron asfixia y actualmente su salud es estable.

Otro incendio que afectó a una extensa área de vegetación se presentó en Garupamba, de la comunidad de Paván. En el sector San Marcos, del cantón Pucará, se quemaron 100 hectáreas de bosque nativo. A eso se suma la quema de un bosque de eucalipto ocurrida la noche del martes 15 de septiembre en San Andrés de Chiquintad, además del incendio de la tarde del miércoles en la parroquia Cumbe.

UN SIGLO PARA RECUPERARSE

Según el Ministerio del Ambiente (MAE), los incendios forestales reducen la materia orgánica, provocan cambios en la textura de las arcillas y afectan la porosidad y la capacidad de infiltración de los suelos. Además, destruyen la fauna, pues acaban con el hábitat de miles de especies silvestres y la emanación de dióxido de carbono afecta la calidad de vida de la población.

Otra consecuencia es la destrucción de las fuentes hídricas y oxígeno. Un estudio del MAE señala que para la recuperación de un bosque se necesita más de un siglo. Para establecer un arbolado se requiere de 10 a 15 años. Los árboles requieren de 30 a 40 años para alcanzar una altura media y 70 años más para su desarrollo definitivo.