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Libertad sexual: ¿Por qué se condena más en las mujeres que en los hombres?

El estigma social sigue pesando sobre la liberación sexual femenina.

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La revolución sexual se refiere al desafío de los códigos tradicionales relacionados con la concepción moral sexual y la libido. Este cambio representó la recuperación plena del cuerpo y su desnudez, detalla Raquel Osborne en su libro titulado ¿Tuvimos las mujeres una revolución sexual?

Esto permitió que las mujeres puedan dejar el papel tradicional que se les impuso, en el que debían permanecer vírgenes y encarrilar a un hombre al altar y consumar la relación.

La revolución sexual le dio el derecho a las mujeres de decidir con cuántos hombres querían acostarse y si querían o no tener hijos.

Sin embargo, el estigma social sigue pesando sobre la liberación sexual femenina. La sociedad sigue aferrándose, en muchos casos, a una ideología conservadora.

Elizabeth Armstrong y Laura Hamilton, profesoras de sociología en la Universidad de Míchigan y Universidad de California en 2004 se instalaron en una universidad pública para analizar la vida diaria de los estudiantes.

Las investigadoras estudiaron y entrevistaron a 53 mujeres durante cinco años. Armstrong y Hamilton notaron la actitud que tenían las chicas respecto al sexo según su nivel socio-económico.

En su investigación encontraron que cada vez que las chicas de clase trabajadora salían con chicos, eran juzgadas por su forma de vestir. La crítica venía de otras estudiantes, las de clase privilegiada, quienes consideraban que a través de la vestimenta instaban a que hubiera sexo.

Asimismo, las sociólogas concluyeron que cinco de cada seis mujeres experimentaban vergüenza por haber tenido sexo en la primera cita. Las jóvenes sentían que eran “zorras” por acostarse sin tener un compromiso.

Lo que sorprendió a las autoras de este estudio fue ver cómo se juzgaban y señalaban entre ellas, sin importarles que se tratara de su mejor amiga o compañera de habitación. Por esto, varias de las chicas mentían sobre sus salidas para no “dañar” su reputación.

“Todo se reduce a la idea de que un género es sexual y otro reproductivo”, puntualiza el escritor Daniel Bergner en su libro ¿Qué quieren las mujeres? Los hombres son vistos como seres desesperados por dejar su semilla, mientras que, a ellas se las ve como las receptoras que deben limitarse a cuidar a su descendencia.

Marta Maena, psicóloga estadounidense, analizó el comportamiento sexual de primates hembras. Estas eran las iniciadoras del apareamiento con diversos machos; basándose en esto, Maena argumentó que las mujeres les excita la posibilidad de ser deseadas por varios hombres. Esto dejaría atrás la teoría sobre que al género femenino solo le importa una conexión emocional, por el contrario, también ven al sexo como una necesidad primaria.

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