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El suplicio de una mujer en Quito: ¡sin medicina ni atención!

Sufre por una enfermedad en la piel que no tiene cura y que la aísla cada vez más. Sus citas médicas han sido canceladas.

Drama Psoriasis
Las excoriaciones se extienden por casi todo su cuerpo. La falta de tratamiento aumenta los dolores que tiene.Gustavo Guamán

Patricia Sánchez busca en un frasco el último ápice de crema hidratante que necesita. Pero ya no queda nada. Y el dolor de sus heridas continúa. Aumenta con la simple rozadura de la ropa o con el agua cuando se ducha.

Antes de la emergencia sanitaria podía llevar una vida prácticamente normal, a pesar de su psoriasis (enfermedad de la piel). Vendía comida en Pomasqui, norte de Quito, y aprovechaba los partidos de vóley para expender golosinas.

5 meses lleva suspendida la entrega de medicinas para Patricia.

Sin embargo, dejó de percibir ingresos de un tajo. El 16 de marzo ya no pudo salir a vender sus pescados o sus ceviches porque había toque de queda y esas actividades estaban prohibidas por la pandemia. Además su condición la colocó en la población vulnerable. “Para mí, una gripe o una infección de garganta es el doble de difícil que para cualquiera. La medicina no surte efecto”, relata.

Por eso, una neumonía ocasionada por el virus, para ella, sería desastrosa. Se encerró en su casa con su hija de cuatro años, pero pronto tampoco pudo costear el arriendo de su departamento. Ahora vive en una casa prestada por su expareja. “Sí se ha preocupado por la niña, es un buen padre”, agrega la mujer, de 35 años.

Pero lo que no la deja dormir –por el dolor constante– son las llagas que se le forman en todo el cuerpo. “Cuando hace frío me duele, cuando hace calor es peor”, comenta.

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Necesita de una crema sin químicos, urea y un líquido especial para el cabello. Por ahora usa remedios naturales.Gustavo Guamán

Por eso las medicinas que le entregaban en un hospital público de Calderón eran primordiales. En marzo tenía cita con el dermatólogo y recibió una llamada avisándole que debían reagendarla, que por la emergencia sanitaria no estaban atendiendo.

Esperó hasta junio. Cuando se acercó le dijeron que todavía no podía ser atendida porque lo más urgente era recibir a los pacientes con coronavirus. Debido al aumento de casos, los centros de salud están al tope. Y se han convertido en un foco de contagio para quienes necesitan de otras atenciones médicas.

Sin embargo, el Ministerio de Salud Pública informó en un comunicado del 3 de junio que “1.940 centros de salud a escala nacional reforzaron la atención integral” para salud materna, vacunación, enfermedades crónicas, entre otros.

Patricia no quiere contagiarse, pero necesita que un doctor la revise. También las fototerapias que recibía y medicamentos, una crema hidratante sin químicos, y líquidos que la ayudaban a sobrellevar la enfermedad. “Se me inflaman las articulaciones, me duele”.

Las oportunidades

La mujer, oriunda del cantón El Triunfo, en Guayas, convive con la psoriasis desde los 11 años. Como vivía en la Costa los médicos asumieron que eran picadas de mosquitos, la humedad, hongos... Lo cierto es que las llagas se hacían cada vez más grandes.

“Ya más grande fui a trabajar en una casa y me mandaron al médico. Así perdí trabajos”, relata Patricia.

Necesitó de un psicólogo y de un psiquiatra porque su condición además de ser incurable, está en casi todo su cuerpo y ha sufrido rechazos. “Debo usar blusas de manga larga. Cuando se me alza, la gente me ve como si fuera contagioso”.

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Patricia vive en una casa prestada, ubicada en la vía a Calacalí, norte de Quito.Gustavo Guamán

Incluso le han cuestionado su maternidad, aduciendo que podría contagiar a su hija. “Esta enfermedad es solo mía, mi niña no la tiene y no es contagiosa”, aclara.

Los trabajos le duraron poco, también porque cuando las excoriaciones se inflaman, el dolor casi no la deja moverse. Por eso buscó un sustento con la venta de comida costeña. “Casi no he salido, porque si me pasa algo ¿con quién se queda mi hija?”, concluye.

Patricia requiere de una consulta dermatológica para controlar su enfermedad, así como sus cremas sin químicos, urea y líquidos especiales para el cuero cabelludo. También víveres o alimentos no perecibles. Puede comunicarse con ella al: 095-947-4691.

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