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Diario Extra Ecuador

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Lágrimas y psicosis conviven en Pedernales

Solo escuchar la palabra “terremoto” estremece a muchos habitantes de este balneario que fue el epicentro de la desgracia, pero que tratan de reponerse.

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Si la tierra llegara a temblar nuevamente, Líder Vera sabe que correr no le servirá. Por eso, ya tiene ubicado un lugar dentro de su farmacia en el que tiene una mochila con agua y otros implementos, para protegerse si los cuatro pisos de su frágil edificio le caen encima.

El calendario del farmacéutico se detuvo hace un año. El terremoto en Pedernales no tumbó su inmueble, pero lo dejó inhabitable y solo volver a subir por las escaleras cuarteadas podría acobardar al más valiente.

A Líder no le gusta ingresar a lo que fue su vivienda, porque allí todo está igual: paredes agrietadas, escombros esparcidos, hierros doblados. Parecería que una bomba destruyó en segundos su esfuerzo de 10 años.

Pensarlo aún le baña los ojos de lágrimas. Inhala y explica que junto a su familia recogieron sus pertenencias para mudarse de allí, pero por falta de recursos no ha podido retirar los escombros o demoler el armazón, que reconoce es un peligro si llega a haber otro sismo.

Según el hombre, de 46 años, su edificio es uno de los que está en la lista de derrocamiento en Pedernales, pero aún no le dan respuestas sobre este proceso. Aunque sabe que se juega la vida a diario cuando abre las puertas enrollables de su negocio, ubicado en la planta baja de la endeble edificación, no le queda de otra. Sus ahorros se acabaron en pocos meses.

“Nosotros, los dueños de edificaciones grandes, no hemos recibido ayuda. Dicen que nos van a demoler, pero hasta el día de hoy...”, sentencia.

El pedernalense no puede dormir tranquilo. Ni bien recuesta su cabeza sobre la almohada, siente como si la tierra empezara a temblar de nuevo. “Es duro”, alcanza a decir, y vuelve a tomar aire para evitar que el llanto lo doblegue.

Un golpe del que no se recupera

Monserrate Muñoz, en cambio, fracasa en la tarea de no llorar. Su corazón, de 80 años, se quiere salir del pecho cuando un bus pasa a velocidad frente a su vivienda y hace que el suelo vibre. Siente miedo y la angustia la consume.

El más mínimo movimiento la devuelve al horror. Estuvo dos meses internada en un hospital porque su longevo cuerpo sufrió múltiples fracturas. Pero doña Monse, como la conocen, hubiera preferido que la loza de su hogar quebrara cada uno de sus huesos, en lugar de haberle arrebatado la vida a sus dos nietos y dos bisnietos.

Cuando le tocó volver a su hogar, del cual quedaban pocas paredes en pie, recibió el golpe de la muerte que aún la tiene noqueada. “No sabía que mis muchachos habían muerto”, estalla en llanto apenas lo pronuncia.

Lamenta no haber estado el día en que los sepultaron, pero luego añade que tal vez fue mejor así, porque el cementerio local era un caos.

De eso, Ermel Sabando prefirió no haber sido testigo, pero la casa de su suegra queda justo frente al camposanto, cuyas lápidas se repletaron con la fecha 16/04/16.

“Traían de 5, 8 Y 10 muertos. El cementerio estaba colapsado”, se lamenta el hombre, de 44 años, quien tuvo que salir de Pedernales para superar el temor que le provoca que la tierra continúe temblando en la mente de los pedernalenses.

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