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Le cortaron la pierna, pero no los sueños

María Paste sufrió un golpe que terminó en cáncer. La chica ha salido adelante, tuvo un niño y busca convertirse en profesional.

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La mujer es madre de David, por quien lucha cada día para sacarlo adelante. La prótesis que tiene ahora le facilita cargarlo.

Cuando María Paste despertó de la anestesia no tenía su pierna derecha. Tenía 14 años cuando iba en el balde de una camioneta y sufrió una caída.

Al principio no pareció algo serio, hasta que semanas más tarde un tumor invadió la extremidad. Fue a una casa de salud en Machachi, al sur de Quito, donde le indicaron que debían cercenarle el miembro o su vida corría peligro.

“Mi familia es de muy bajos recursos, así que no hicimos nada. Unos meses después la gangrena se había extendido”, cuenta ella desde un sillón de la casa que comparte con su madre en el cantón Mejía.

Reconoce que al verse ‘mochada’ sintió rencor en contra de sus allegados “porque no me prepararon para lo que me iba a pasar”. Sin embargo, siguió adelante y hoy, con 25 años, es una joven independiente y madre de David, un niño risueño.

Lo carga, lo mece, equilibrada sobre la prótesis que le dieron en su trabajo. Es bastante más cómoda que la que tenía antes. “Con la otra me caía todo el tiempo”, revela junto al aparato de aluminio, que ahora solo queda para el recuerdo.

Pero son, en realidad, memorias muy gratas. Se la regalaron cuando cumplió 18 años. “Fue un obsequio de graduación”, comenta orgullosa.

Hubiera querido convertirse en enfermera, pero la situación económica del hogar no le permitió llegar a las aulas universitarias. “Me dio pena, pero dije: bueno me tocará buscar un trabajo y quién va a querer contratar a una persona con discapacidad”, señala.

Sin embargo, una florícola le abrió las puertas. Allí se dedica a armar los paquetes de rosas para exportación. “Trabajo todo el día parada y aunque es cansado en ese sitio me han apoyado muchísimo”, destaca.

Fue en esos invernaderos donde se le rompió la fuente cuando iba a nacer su bebé. Se adelantó un mes, pero María, como todo, lo asumió con determinación. “El papá aceptó que no tenía pierna, decía no importa, así te conocí... Se fue por los problemas económicos”, rememora.

Pese a que no ha sido fácil sacar a su retoño adelante, la chica nunca le puso un juicio de alimentos. “Todos me decían no vas a poder sola, pero lo hago”, añade.

Las pruebas

Sus días grises no solo incluyen la amputación de la pierna. Una noticia sumamente dolorosa llegaría después. El cáncer que inició con el tumor se había extendido a su cadera. Debían extirpar otra parte, pero ella se negó. Un año debió pasar en un hospital oncológico para recuperar su salud. “Fue horrible. A nadie le desearía lo que viví. Se me cayó el pelo, estaba flaquísima”, dice.

Pero ni siquiera eso mermó sus fuerzas. Volvió al colegio y aunque las burlas de sus compañeros la desanimaron, continuó estudiando en un colegio nocturno. “Ahí me sentía bien. Todos me impulsaban a salir adelante”, asegura más animada.

Aunque se ha hecho análisis básicos, siente que el cáncer no ha vuelto. Para continuar con sus sueños, María recurre a los lectores de EXTRA. Si usted puede colaborar con la chica comuníquese al teléfono 0993-751-826.