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Trabajadoras sexuales del centro de Quito exigen volver al ‘cuerpeo’

Se practicarán posiciones que solo permitan consumar el acto sin más. “Para eso está el filo de la cama”, bromea una trabajadora sexual

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Las casas destinadas para este oficio tienen sus protocolos de bioseguridad para evitar el contagio del COVID-19.ARCHIVO

El sexo pagado tiene su propio protocolo y está listo para volver a las calles. Las sexoservidoras que ‘paran’ en las esquinas del Centro Histórico de Quito quieren trabajar después de casi tres meses sin percibir ingresos. Aseguran que están en su “derecho”.

El pasado 2 de junio se conmemoró el Día Internacional del Trabajo Sexual y ellas salieron a protestar, sobre todo para que el Municipio apruebe que las casas donde se vende placer se reabran luego de que la capital pasara a semáforo amarillo por el COVID-19.

Mónica, representante de la Asociación Primero de Mayo, cuenta que invirtieron para mantener todas las normas de bioseguridad ante el virus. “Estamos pidiendo que nos permitan abrir los espacios para que las compañeras puedan pagar el arriendo y los gastos. ¡Ya cambió el semáforo!”, agrega.

Según la dirigente, más de 400 mujeres que ejercen la prostitución en esta zona viven del día a día, por lo que han tenido que acogerse a las donaciones de alimentos o simplemente comer menos. “Un día sí y otro día no, así nos hemos acomodado”, explica.

AL FILO DE LA CAMA

Un portón de madera desgastada es la entrada hacia una de las cuatro casas del Centro Histórico, en la calle Esmeraldas, donde las chicas llevan a sus clientes.

Antes de entrar hay que desinfectarse los zapatos en una bandeja. En el patio central, el fogoso usuario deberá ser rociado con alcohol y lavarse las manos. Luego se acercará a la caja para pagar la habitación. Una mujer con traje de protección y guantes recibirá el dinero. “Nunca hay contacto con nadie más que la compañera”, detalla Mónica.

Ya en al alcoba no habrá acercamiento de labios, ni siquiera mirarle frente a frente. Para eso, según la dirigente, se practicarán posiciones que solo permitan consumar el acto sin más. “Para eso está el filo de la cama”, bromea.

Allí también hay jabón y un lavabo para volver a lavarse las manos, tal como lo dicta el protocolo. Durante todo el ‘cuerpeo’ tampoco se permitirá retirarse las mascarillas.

Este trabajo es como cualquier otro. Si abren los otros negocios, ¿por qué no el nuestro?”, increpa Mónica, quien lleva en esta profesión 20 de sus 39 años de edad.

EL TRABAJO SEXUAL SIGUE SUSPENDIDO

Según el Comité de Operaciones de Emergencia Nacional y la Agencia Metropolitana de Control de la capital, las actividades de servicio sexual y sitios de tolerancia siguen suspendidos, a pesar de que en Quito ya se encuentran con semáforo amarillo.

Las autoridades explicaron que la negativa de permitir este tipo de labores se debe a que serían un riesgo de contagio de coronavirus por la cercanía con el cliente.

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