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Criminales “infiltrados” manchan el tuning
Líderes de este colectivo analizaron la balacera en la que murieron dos aficionados de la disciplina. Buscan alejarse de la mala fama y que su actividad se reconozca como un deporte de exhibición.
El zumbido de las balas aún retumba en sus recuerdos. Fue una de sus noches más tristes y oscuras. Cinco miembros del club automovilístico The Trap of Tuning resultaron heridos y, cuando eran trasladados a un hospital, los médicos comprobaron que dos de ellos habían muerto.
Ocurrió el pasado 6 de julio. ‘Martín’ estuvo allí. Aún siente temor, pero cree que se trató de un hecho aislado. Sin embargo, ‘Julio’, un lugareño, afirma que la confianza que había afianzado ese club en la barriada se esfumó a raíz del aciago suceso.
Alexander Tandazo, presidente de la Federación de Asistencia Social Tuning del Ecuador (Fastecars), relata a EXTRA que los criminales presuntamente llegaron en busca de un joven, con quien habrían tenido un problema. Al parecer, se cobraron venganza, pero al usar una “ametralladora” también hirieron a otras personas.
El dirigente no niega que las víctimas fueran integrantes del club. Por el contrario, lo confirmó. “Nosotros nos solidarizamos con las familias y colaboramos con lo que pudimos. Esto no se trató de una guerra entre varios grupos de tuning. Pero no podemos hablar más de la cuenta. Del caso se encarga la Policía Nacional”, acota sucinto.
Según Tandazo, muchos ven el tuning como una disciplina que atrae a la “mala calaña”. Pero la gente, a su juicio, “especula” acerca de la procedencia del dinero con el que los aficionados modifican sus carros y motocicletas: “Todo es legal. En los vehículos trabajan jóvenes que se han recuperado de sus problemas de adicción y que han sido capacitados en diferentes oficios relacionados con nuestra actividad”, puntualiza.
La sede de The Trap of Tuning es un local de la avenida del Ejército, entre Venezuela y Colombia, en el sur de Guayaquil. En ese lugar se produjo el crimen. “Ahí se suelen reunir entre sesenta y ochenta personas. De lo que hemos conversado con los testigos, hubo algunas personas sospechosas esa noche que se pudieron infiltrar para planificar todo”, argumenta Tandazo.
En aquella ocasión, la agrupación organizaba una salida nacional por las fiestas de la fundación del Puerto Principal. El representante del colectivo no descarta que los criminales aprovecharan esa circunstancia para colarse algunas noches y analizar sus movimientos y los de la víctima que supuestamente buscaban.
Decenas de clubes
The Trap of Tuning no es el único club del país. De hecho, hay unos cincuenta afiliados a Fastecars, aunque solo cuatro están constituidos legalmente. Los demás se encuentran en proceso de legitimación: “Esto es una cultura, un deporte. Queremos conseguir una matrícula especial de exhibición y turismo. Hemos tenido conversaciones con diferentes autoridades de algunos ministerios y alcaldías como la de Guayaquil, que nos han dado apertura”.
Por eso, ya no resulta extraño ver de madrugada, cada quince días, el paso psicodélico de una nutrida caravana de motos y autos tuneados por las calles de la urbe porteña.
A veces miden sus destrezas con piques de 250 metros, donde prueban la potencia de sus motores. Pero Tandazo sostiene que solo actúan en unos puntos muy concretos. “No se trata de hacer carreras por la ciudad. En poca distancia, en zonas que se nos asignan, probamos la fuerza de nuestros carros”, aclara.
En los últimos años, esta “pasión” ha calado hondo en estratos sociales humildes. Sus seguidores, con mano de obra propia, han conseguido abaratar el costo de las modificaciones, que oscilan entre los 5.000 y los 20.000 dólares por vehículo. Hay quienes destinan gran parte de sus ingresos a mejorar el aspecto de sus automóviles.
Las reuniones
La mayoría de las transformaciones se lleva a cabo en el suburbio porteño. Allí, desde hace unos nueve meses, Guillermo Franco, líder de The Trap Of Tuning, se reúne con propietarios de 18 carros y 60 motocicletas suburbanas para planificar la participación en distintos concursos de exhibición organizados por diferentes clubes.
Entonces, evocando sus inicios, recuerda que la idea de unirse como grupo nació de varios amigos que “se rehabilitaron” del alcoholismo y las drogas. “Vimos esto como una actividad perfecta para mantener nuestras mentes ocupadas, pensando en las mejoras que podemos hacer a nuestros autos y motos. Atraer la mirada de alguien que no se dedica a esto es para nosotros motivo de satisfacción, como ganar un premio”, remata Franco.
Pilas con esto
Inclusivos
Stalin Espinoza tiene capacidades especiales. Pero logró adaptar los controles de su carro para usarlo solo con las manos.
Emplazamientos
Los competidores recibieron autorización para reunirse en Samanes, considerada su “cuna”.
Trofeos
Los miembros de The Trap of Tuning guardan sus trofeos en una estantería de madera, en su sede del sur porteño.
Las reglas
1. Las carreras están prohibidas.
2. No se puede consumir drogas o alcohol.
3. Deben respetar la Ley de Tránsito y a las autoridades.
4. No se aceptan “el pateo, el choreo ni el chanchullo”.
5. No se puede flirtear con las mujeres de los compañeros.
6. En caso de diferencias entre integrantes, se pide permiso al Consejo Directivo para resolverlas.
7. Si alguien comete una infracción, será juzgado y sancionado por el Tribunal de Disciplina.
La autoridad
Permitido si no quebrantan la ley
El general Luis Lalama, de la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM), explica que los vehículos tuning pueden circular mientras no infrinjan las leyes. No obstante, subrayó que los vigilantes permanecen en alerta y actúan contra quienes generan ruido con pitos, cornetas o los retumbadores que suelen colocarse en algunos tubos de escape. Este tipo de faltas conlleva una citación y una revisión vehicular de la unidad.
Además, si el volumen de la música es excesivo y afecta a alguien, la Policía Nacional puede sancionar al implicado por escándalo en la vía pública.