Editorial | El espejismo de la obra nueva: Cuando el olvido hipoteca el futuro de Ecuador
La falta de presupuestos para mantenimiento preventivo está convirtiendo la infraestructura nacional en una bomba de tiempo...

Los residentes tienen que caminar con precaución para no sufrir una caída.
Aquí el problema ya no es técnico, es político. En este país se ha vuelto costumbre cortar cinta, ‘pelar’ los dientes y posar para la fotito, pero nadie quiere hacerse cargo de mantener lo que ya está hecho.
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El Gobierno central y los municipios se lanzan la pelotita mientras lo básico se cae a pedazos. Porque sin mantenimiento no hay gestión que valga, hay abandono seguro.
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¿De quién es la 'pelota'?
No es un tema menor. Cuando no se destina plata para conservar obras y equipos, no se está ahorrando: se está hipotecando la seguridad de la gente. Lo que se deja de invertir en mantenimiento después se paga el triple en emergencias, accidentes y servicios que colapsan. Cuidar lo público no es lujo, es obligación.

Ciudadanas cerca de caer en la alcantarilla por cruzar la calle.
Ahí están las carreteras llenas de huecos, puentes que crujen, hospitales con equipos dañados, redes eléctricas que fallan, sistemas de agua que revientan, plantas que no dan abasto. La lista es larga y conocida. El libreto también: se inaugura con bombos y platillos… y luego, que Dios provea.
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Después vienen los incendios que “nadie vio venir”, las inundaciones de cada invierno y los cortes de luz o de agua que ya parecen parte del calendario. Y no, no es mala suerte ni castigo divino. Es simple y pura desidia.