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¡El virus truncó sus tratamientos!

Extra recogió la historia de tres personas cuya atención médica se vio afectada por la emergencia sanitaria

El cáncer que padece desde hace un año y seis meses hace Julia Grace Cáceres Álvarez permanezca postrada en una cama.
El cáncer que padece desde hace un año y seis meses hace Julia Grace Cáceres Álvarez hace que permanezca postrada en una cama. Gerardo Menoscal

La fe no decayó en plena pandemia. A pesar de sus graves dolencias, Julia Cáceres Álvarez, José Ríos Arreaga y Mariana del Rocío Soria aún se aferran a la vida. Ellos padecen enfermedades definidas por el Ministerio de Salud Pública (MSP) como catastróficas y raras, pero tienen la esperanza de que Dios hará un milagro y que encontrarán una cura a sus dolencias.

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En marzo pasado, Ecuador fue declarado en emergencia sanitaria a consecuencia del COVID-19, lo que provocó que de la noche a mañana sus tratamientos quedaran en segundo plano. Los hospitales y clínicas estaban saturados de personas afectadas con coronavirus, a ellos les tocó esperar en casa por una medicación o un chequeo que alivie sus padecimientos.

El salitreño José Ezequiel Ríos Arreaga tiene un tumor en la cabeza.
El salitreño José Ezequiel Ríos Arreaga tiene un tumor en la cabeza.CORTESÍA.

EXTRA cuenta la historias de estas tres personas que enfrentan el desafío de sobrevivir en medio del virus que desmejoró la atención de otras enfermedades.

Iván Cortes cuida de su madre, Mariana Rocío Soria. Ella permanece conectada a un tanque de oxigeno.
Iván Cortes cuida de su madre, Mariana Rocío Soria. .Anny Bazán

Padre e hija con cáncer

Hace nueve días el jefe del hogar falleció víctima de la enfermedad. A pesar de estar desahuciada, su hija lucha por ganarle la guerra a la muerte.

La familia Cáceres Álvarez vive un doble drama: desde hace un año y seis meses a uno de sus miembros le diagnosticaron cáncer de colon, enfermedad que se propagó y se hizo metástasis. Para hacer aún más duro su sufrimiento, hace dos meses a otro de sus integrantes le diagnosticaron la misma dolencia, pero él no pudo ganarle la guerra a la muerte y hace nueve días falleció en un hospital de Guayaquil.

Jazmín Cáceres cuenta a este Diario el padecimiento de sus seres queridos, tras el deceso de su progenitor, Luis Enrique Cáceres Ramírez, de 70 años, y la lucha de su hermana, Julia Grace Cáceres Álvarez (32) por sobrevivir al cáncer que la mantiene postrada en una cama.

La familia Cáceres Álvarez enfrenta el dolor de perder al jefe del hogar y de ver enferma a otra de sus integrantes.
La familia Cáceres Álvarez enfrenta el dolor de perder al jefe del hogar y de ver enferma a otra de sus integrantes. Gerardo Menoscal

Julia se operó en el 2019 y posterior a esto fue sometida a ocho quimioterapias. En enero recayó y los médicos indicaron que el cáncer se había regado y debía someterse a otras quimioterapias.

“El 19 de marzo tenía la consulta, pero tres días antes declararon la emergencia sanitaria y Solca cerró sus puertas. Buscamos alternativas para ver dónde se las podíamos realizar. Ella dejó de recibir medicación y tratamiento. Hoy su cuerpo se ha debilitado y ya no las puede recibir. Los doctores la desahuciaron, no nos dan esperanza, solo esperamos un milagro”, expresa entre lágrimas Jazmín.

El pesar de su familia se incrementa. El pasado 4 de julio, su progenitor falleció víctima del mismo mal. Luego de ser diagnosticado con COVID-19 fue sometido a una serie de exámenes, entre ellos una radiografía, en donde le detectaron que temía un tumor en el estómago.

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Él fue operado en una clínica de Guayaquil, pero al terminarse la cobertura del seguro y sus familiares no contar con recursos económicos para costear su permanencia en dicha centro de salud, lo trasladaron a una casa asistencial del sur de la ciudad.

“Luego de su ingreso no lo volvimos a ver, era una batalla para obtener información de la salud de mi padre, ya que por la pandemia no nos permitían el ingreso al hospital. Finalmente, Él falleció de una neumonía y shock séptico”, cuenta la joven.

Mañana se hará el ‘milagro’

Durante tres meses, el salitreño José Ríos Arreaga no recibió atención médica. El tumor de su cabeza tiene el tamaño de un melón.

El tumor que desde hace ocho meses brota de la cabeza de José Ezequiel Ríos Arreaga comenzó como una pepita de tamarindo, al cabo de cuatro meses el absceso había quintuplicado su dimensión y hoy parece un racimo de uva, con el tamaño de un melón.

El pasado 2 de noviembre comenzó el calvario para el salitreño de 57 años. La mañana de aquel día su jornada laboral, como conductor de una mototaxi se vio interrumpida por una molestia en la cabeza. Hace 10 años José sufrió un golpe y esto habría originado el tumor.

El tumor que tiene José Ríos en la cabeza es casi del tamaño de un melón.
El tumor que tiene José Ríos en la cabeza es casi del tamaño de un melón. GERARDO MENOSCAL Agencia (ag-expreso)Gerardo Menoscal

Para José era un dolor parecido a los que muchas veces había padecido y no le prestó atención. Sin embargo, al tocar la parte superior de su cabeza notó que tenía una protuberancia, pero también le restó importancia pensando que era un bulto que pronto iba a desaparecer.

Transcurrieron los meses y su dolencia era cada día mayor, por lo que buscó ayuda médica. En febrero pasado, acudió al hospital General del Guasmo. Los galenos que lo atendieron lo derivaron al hospital de la Sociedad de Lucha Contra el Cáncer (Solca) en Guayaquil.

En marzo pasado, el azote de la pandemia por COVID-19 había llegado a Ecuador y José no pudo acceder a los chequeos en dicha casa de salud. La escasez de recursos económicos, acompañada de la falta de atención médica en los hospitales del país ahondaron su padecimiento, ya que no recibió tratamiento durante los meses de marzo, abril y mayo.

“Durante tres meses no pude viajar a Guayaquil para las consultas médicas, no tenía cómo movilizarme y en el hospital donde debía tratarme no estaban recibiendo pacientes, por lo que cada día mi salud se deteriora, el tumor no ha dejado de crecer. Estoy sumido en el dolor y la depresión. Necesito ser intervenido lo más pronto posible”, expresa José.

Ya con Guayaquil con el semáforo sanitario en amarillo, sus familiares buscaron nuevamente una consulta en Solca. Desde la última semana de junio José ha sido sometido a varios exámenes para conocer qué clase de tumor tiene en la cabeza.

“Los médicos manifestaron que mi papá tiene un tumor maligno denominado dermatofibrosarcoma protuberans. Dicen que este crece lentamente y que es poco frecuente”, explica Kerly Ríos, la menor de los cuatro hijos de José.

Finalmente, mañana el salitreño será sometido a una intervención quirúrgica para extirparle el tumor. “Dios hará el milagro y mi esposo pronto será el mismo hombre de antes. Tenemos fe de que será una cirugía exitosa”, menciona Jenny Briones, su esposa. Ella es la mujer con la que ha compartido 30 años de su vida y quien lo ha acompañado a todas sus consultas.

Se atrincheró para salvar su vida

Por la pandemia, la ambateña Mariana del Rocío Soria desde hace cuatro meses no recibe atención médica. Ella padece hipertensión pulmonar.

Desde hace dos años, la ambateña Mariana del Rocío Soria vive conectada a un tanque de oxígeno las 24 horas. Tiene tres décadas padeciendo de hipertensión pulmonar, una de las 106 enfermedades catalogadas como catastróficas-raras, según el Ministerio de Salud Pública del Ecuador (MSP). Esta dolencia eleva la presión de las arterias conectadas al pulmón y corazón, hace que el lado derecho del corazón se esfuerce más de lo normal.

A pesar de su grave dolencia, Mariana, quien laboró como periodista y maestra, trata de no estar postrada en una cama y busca llevar una vida con normalidad. Mas la emergencia sanitaria la dejó sin medicinas.

Mariana Soria vive conectada horas a un tanque de oxígeno.
Mariana Soria vive conectada horas a un tanque de oxígeno.Anny Bazán

“Cuando comenzó la emergencia tenía medicamentos para un mes, pero nuestro médico tratante dijo que no nos acerquemos al hospital por nada, porque si nos contagiamos de COVID no íbamos a sobrevivir. Ir a un hospital era la sentencia de muerte para nosotros, por eso lo que hice fue atrincherarme”, indica.

Desde el 16 de marzo, Mariana, de 67 años, no ha salido de su casa, ni siquiera para recibir atención medica. “Nos decían que enviemos a un familiar que sea joven y sano. Mi hijo iba a retirar los medicamentos, pero mi temor era que él se infectara del virus y al llegar me contagiara, no me entregaron la medicación completa. Muchos amigos que padecen el mismo mal dividían sus medicamentos a la mitad para que les alcance. Siento que nos dejaron a la deriva, dos conocidos fallecieron durante la pandemia por la misma enfermedad”, afirma la tungurahuense, quien desde hace 33 años reside en el Puerto Principal.

Mariana considera que está viva de milagro, pues cuando le diagnosticaron hipertensión pulmonar los médicos le dijeron que solo iba a vivir tres años.

“Soy una mujer fuerte y Dios es quien decide hasta cuándo voy a estar en este mundo”, sostiene.

175 fallecidos durante la emergencia

Este Diario buscó la versión del Ministerio de Salud Pública (MSP), para conocer cómo fue la atención durante la emergencia sanitaria para las personas que padecen enfermedades catalogadas como catastróficas (9) y raras (106).

Mediante un documento enviado por correo electrónico, el departamento de Comunicación de dicha entidad indicó que durante la emergencia sanitaria la Coordinación Zonal 8 - Salud implementó en los establecimientos de salud planes de contingencia para la atención de pacientes con enfermedades catastróficas, “con la finalidad de precautelar y continuar con el tratamiento y entrega eficiente del mismo. Sin embargo, hubo pacientes que por la declaratoria de emergencia y falta de movilización no pudieron acudir a recibir sus tratamientos para sus patologías respectivas”, expresa.

En el escrito explica que las enfermedades catastróficas con mayor demanda de pacientes son: “Todo tipo de cáncer, insuficiencia renal crónica, aneurisma toraco-abdnominal, enfermedad por virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y resultantes en enfermedades infecciosas y parasitarias”.

El Ministerio de Salud Pública también informó que desde que comenzó la emergencia sanitaria (marzo 16, hasta el 30 de junio), 175 pacientes con enfermedades catastróficas fallecieron en los hospitales del MSP-Zona 8.

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