¡En la Bahía se come con un dólar!

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¡En la Bahía se come con un dólar!

Al recorrer la Bahía es posible encontrar una extensa variedad gastronómica, entre esas las carretillas de comida a un dólar, en las cuales se come bueno y barato .

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Quienes se benefician de estos precios son los vendedores de la zona, así como los transeúntes.Cortesía

La Bahía de Guayaquil se caracteriza por ser una zona comercial donde se puede encontrar prácticamente de todo a precios económicos. No es extraño ver diariamente a cientos de vendedores ambulantes ofreciendo gran variedad de productos: desde objetos de higiene personal, cosméticos, ropa y calzado, hasta accesorios y mascotas.

A medida que se van recorriendo sus calles, las ofertas para llamar la atención de los clientes se escuchan sin cesar: “Lleve su blusita. Dos por cinco, dos por cinco”. “Mire, le vendo barato, los bolsos en 5 dólares”. Pero también la oferta es para matar el hambre: “Venga, no se quede con hambre, coma a dólar”.

La propuesta de comer por una cantidad tan módica es tentadora, pero surge la interrogante: ¿Qué tipo de comida me pueden ofrecer por un dólar?

Inmediatamente se hace un breve cálculo mental: en una tienda o supermercado, con ese valor solamente se podrían adquirir cosas como un jugo y una galleta. En un restaurante —donde el almuerzo promedio cuesta entre $2.00 y $3.00 — no alcanzaría ni para un ‘segundo’, pero en la Bahía, ¡sí se puede!

Apresurado y empujando a toda prisa una carretilla con un contenedor lleno de tarrinas, se encuentra, en plena Bahía, Eduardo León. Es venezolano, oriundo de Puerto La cruz (estado de Anzoátegui) y emigró a Ecuador junto a su hermano hace unos 2 meses, huyendo de la crisis económica en la que se encuentra su país.

Desde que pisó suelo ecuatoriano se puso un objetivo: trabajar para ayudar a sus familiares que se quedaron en su tierra natal. Así, se radicó en Guayaquil, ya que sus compatriotas —que llevan más tiempo en la ciudad— le aseguraron que la Perla del Pacífico era un buen lugar para el comercio. Con tan solo un día de haber llegado, buscó una forma de sustentarse y vio en la venta de comida la oportunidad perfecta para ganar dinero.

Su jornada empieza desde en la madrugada, con la preparación de los alimentos. El menú es variado: seco de pollo, tallarín, pollo al jugo, menestra con filete de corvina, ensalada rusa con pollo apanado.

León menciona que en un inicio intentó vender comidas típicas de su lugar de origen, pero no fue buena idea, pues las personas casi no la consumían. Por eso, su hermano —que se dedica a la misma actividad— aprendió a preparar platos de la gastronomía local y le enseñó.

Su horario de ventas inicia a las 09:00 y termina a las 15:00. Los fines de semana son los días en que mejor le va, llegando a vender hasta 50 tarrinas en un día, para la cual invierte $25 dólares, quedándole como ganancia la misma cifra, aunque en ocasiones ese monto varía.

Situado en otro punto de la ajetreada Bahía, está Luis García, quien hace 2 años y en compañía de su esposa, se dedica a la misma labor. Él comenta que “el negocio es bueno” y que “a diario se vende 80 tarrinas” de lo cual le quedan entre 35 y 40 dólares de utilidad.

Pero no todo es favorable para los que se dedican este oficio, de acuerdo con lo estipulado en la ordenanza que norma la instalación de kioscos y carretillas en espacios públicos “se prohíbe la venta ambulante y todo tipo de comercio informal”; situación que García conoce a la perfección. Se le han llevado la mercadería en un par de ocasiones. “Para poder vender uno no puede quedarse fijo en un solo lugar, porque los policías metropolitanos nos persiguen y nos quitan todo. A mí ya se me han llevado las tarrinas en un par de ocasiones y las he dejado perder, me saldría más caro reclamarlas”, cuenta.

Los clientes de los ‘tarrinazos’ a dólar

Entre los principales consumidores están los trabajadores de la zona y quienes circulan por el sitio.

Para Yolanda Álava, quien tiene un pequeño quiosco de gorras en las calles Ayacucho y Chimborazo, comer en la calle es su única alternativa. Ella y su esposo salen muy temprano de su hogar para dirigirse hasta su puesto de trabajo y no les da tiempo de cocinar en casa. “Antes gastábamos $ 5 en 2 almuerzos, ahora gastamos solo $2, casi siempre compramos las comidas de un dólar, más que nada porque gastamos menos. Además, alguno vendedores dan hasta jugo y en estos tiempos de escasez hay que ahorrar”, expresa Álava.

“Andaba sin desayunar y como vi todo tan barato decidí comprar, ya lo probé y está bueno, me parece chévere que se pueda comer rico por tan poco dinero”, comenta Andrés López, transeúnte.

López lanza un consejo a todos los lectores de EXTRA: “La próxima vez que andes por la Bahía y que te ataque la ‘leona’, no dudes en pegarte un buen tarrinazo a dólar, comes bueno y al mismo tiempo ahorras plata”.