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¿Por qué decimos palabrotas?

En TV esto se resuelve con sonidos sobre este léxico, pero ¿qué pasa si están en su ambiente? El secreto: límites.

Foto de Sistema Granasa
En TV esto se resuelve con sonidos sobre este léxico, pero ¿qué pasa si están en su ambiente? El secreto: límites.

Hace tres años Elena y Ana esquivan a Cindy. ¿La razón? Su soez vocabulario. Al inicio la toleraban e intentaban que tomara conciencia, pero no hubo respuesta favorable y decidieron no invitarla a sus reuniones.

Por lo general quienes usan este léxico son personas mal vistas y etiquetadas como groseras, lo que entorpece sus relaciones interpersonales, familiares y laborales, sostiene Gabriel Ordóñez, miembro de la Federación Ecuatoriana de Psicólogos Clínicos, quien revela que un insulto es un mecanismo de desfogue social, la oportunidad de verbalizar sobre algo que nos ha colmado la paciencia, denota frustración o coraje por parte de quien lo manifiesta.

La persona acostumbrada a decirlas, las incorpora inconscientemente en su cotidianidad. Siempre la educación formal (la académica) y no formal (entorno, experiencias) se involucran en el habla, positiva o negativamente.

Es necesario poner límites entre los interlocutores. Respeto a lo que oye, ve o siente que le incomoda, de no hacerlo se estaría naturalizando este tipo de lenguaje y si se ríe es copartícipe. Para frenarlo primero hable con el sujeto, si se mantiene en ello, ponga distancia, por salud mental.

No es enfermedad

Sino un síntoma del síndrome de Tourette, al cual los expertos denominan coprolalia, que implica la incapacidad de la persona para evitar usar un lenguaje malsonante.

No existe una causa que lo genere, sin embargo, se considera que una deficiencia en los neurotransmisores provocaría este mal funcionamiento. Los sitios estresantes pueden ser el detonante de una mayor cantidad de palabras obscenas.

Quien comúnmente las emplea es por un mal hábito y se lo puede educar (con lecturas edificantes, acuerdos y compromisos, metas), pero el coprolálico no, ya que no depende de él, mas se le puede ayudar generándole un ambiente de confianza y libre de estrés.

En los niños

Ellos fácilmente asimilan la información de su entorno, por eso no diga malas palabras delante de ellos. “Los padres que se expresan así deben autocorregirse para ser un mejor ejemplo, esto en caso de niños de siete años, si son más grandes debe trabajarse en la toma de conciencia”.

Si nadie en casa habla de esta manera averigüe dónde lo escuchó (TV, escuela, etc.), pero manéjelo en un ambiente de confianza, no como un interrogatorio. Aproveche y hable del tema, aunque lo ideal es educarlos desde la infancia y con el buen ejemplo.