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Diario Extra Ecuador

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Almada: “Me quedaba mudo”

Llegó a medianoche a casa y le tocó empacar solo las cosas que hoy se lleva hasta Torreón, México. Guayaquil no lo olvidará jamás.

Guillermo Almada, en su último partido al mando del equipo canario.

Guillermo Almada, en su último partido al mando del equipo canario.Amelia Andrade / EXPRESO

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“Tengo 55.000 mensajes en el teléfono, creo que este aparato reventará de tantos”, dice Guillermo Almada, quien tuvo el pasado viernes 12, amanecer sábado 13, el día más duro desde su llegada al Barcelona. Dirigir al Ídolo ha sido complicado para el uruguayo.

Afirma, con lágrimas que ya no tiene, que la emoción es muy fuerte y empezará a empacar las maletas. En su domicilio permanecía solo porque su esposa Analía estaba en Montevideo sitio desde el que viajará directo a México.

Ella, había perdido el avión que la traía a Guayaquil. No había cupos en las próximas horas y optaron mejor para que viajara a su nueva morada.

“Mi señora está en Montevideo, ya te puedes imaginar lo que está pasando en casa, seguro que faltarán muchas cosas por llevar”, expresa el uruguayo que por el aliento de la hinchada lloró en su despedida.

Se despertó en la madrugada en plena concentración. Hablaba con la gente de México, también.

El día resulta interminable y el cansancio en el exentrenador trata de hacerse presente. Se pasó del viernes al sábado despierto.

Al pretender hacer las maletas lo invaden sentimientos encontrados.

No se ha despedido de su gente, de su entorno, de las señoras que lo ayudaban en la casa, de los amigos que hizo. Dice que todo fue tan rápido y volverá el próximo mes para hacerlo.

No sé qué decir

“Hubo un momento en que me quedé mudo, no sabía qué decir, créelo, no me salía nada. Extrañaré el cantar de la gente y su afecto. Me voy de casa”, expresa un Almada que para la tarde de este domingo 14 ya estará en México con su cuerpo técnico, debido a que este lunes 15 comenzará la aventura con el Santos.

“Todo fue tremendo, no pensé que sería así. Me llevo el cariño de la gente y de la hinchada que supo aguantarnos cuando las cosas no se daban. Ahora tocó escucharlos decir mi apellido, fue algo único”, manifiesta el entrenador que no sabía qué cosas empacar para llevarse.

Se sorprendió cuando gente humilde y que no conoce le dio recuerdos para que se lleve. También hace una reflexión como hincha. Dice que debe volver porque es socio del club y cuando haya elecciones tratará de sacar tiempo para eso.

¡A mil!

Ayer fue un día a mil, las invitaciones de despedida eran por cientos, el teléfono sonaba, llamadas desde Montevideo y México. La adrenalina era al por mayor y vuelve a recordar lo que vivió en el Monumental.

Dice que todos los partidos se los ha pasado parado y gritando, pero en la goleada ante el Deportivo Cuenca fue diferente, a ratos se iba a la banca de suplentes y las lágrimas eran en cantidades, nunca le había ocurrido esto.

De Barcelona se lleva los mejores recuerdos, pero hubo cosas que marcaron su corazón. “No es normal que la mayoría de gente siga a un equipo, aquí éramos locales en todas las ciudades, el hincha hace un esfuerzo por ir al estadio”, esto en la parte del fútbol, pero en la situación sentimental, mientras entrenaba, su madrecita fallecía en Uruguay, hizo nudo en el corazón y se quedó trabajando.

Y el aeropuerto de Guayaquil tampoco lo olvidará, es el lugar donde por primera vez vio a su Guillermina y Gabriel, los pequeños que nacieron bajo la camiseta amarilla y que a partir del lunes se pondrán la verde del Santos, pero prestada, porque dice que la pelota seguro lo traerá de nuevo a su casa.

Las lágrimas de Almada en el Monumental son el mejor ejemplo que esto no solo es fútbol, sino una pasión movida por un balón.

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