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Diario Extra Ecuador

Armando Wila y David Valencia: la dupla que ahora forma talentos en Quinindé

Los goleadores enseñan técnica y disciplina en la escuela Real Sociedad, transformando el deporte en esperanza para la juventud

El fútbol unió a Valencia y Wila en Quinindé para formar nuevos talentos en la academia Real Sociedad.

El fútbol unió a Valencia y Wila en Quinindé para formar nuevos talentos en la academia Real Sociedad.Luis Cheme

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Cuando el delantero David Valencia defendía la camiseta del primer equipo de Deportivo Cuenca, un joven Armando Wila corría detrás del balón en la sub-20 del mismo club. Compartían la misma institución, respiraban el mismo ambiente y hasta coincidían en los entrenamientos, pero nunca llegaron a jugar juntos. Eran dos generaciones distintas, separadas por algunos años y por el ritmo vertiginoso de las plantillas profesionales.

Dos décadas después, el fútbol terminó juntándolos de otra forma. No como dupla ofensiva dentro de la cancha, sino como formadores de nuevas promesas en una escuela de fútbol de Quinindé, en Esmeraldas. Allí, en la academia Real Sociedad, ambos comparten silbato, balón y paciencia para enseñar a decenas de niños que sueñan con repetir sus pasos en el balompié nacional.

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La escuela nació por iniciativa de un grupo de padres de familia que, preocupados por ofrecer a sus hijos una actividad formativa y alejada de los peligros de la calle, decidió apostar por el deporte. Buscaron entrenadores que hubieran vivido el oficio desde dentro. Así apareció la idea de reunir a Wila y Valencia.

La cancha como aula de ensayos

Armando Wila (foto) aporta ritmo y alegría en cada práctica diaria mientras David Valencia enseña técnica y disciplina.

Armando Wila (foto) aporta ritmo y alegría en cada práctica diaria mientras David Valencia enseña técnica y disciplina.Luis Cheme

En la cancha de césped sintético de la Unidad Educativa Velasco Ibarra, en Quinindé, el entrenamiento de la tarde comienza con risas y gritos infantiles. Los niños llegan con camisetas de colores, algunos con los botines gastados, otros con uniformes improvisados. La ilusión, sin embargo, es la misma.

David Valencia, conocido durante su carrera como El Galgo o Articulado Valencia, observa con atención desde la banda. Alto, delgado, con caminar lento y con voz firme, interrumpe el ejercicio cuando algo no le convence. “¡Paren un momento!”, dice levantando la mano. Toma el balón y llama a uno de los chicos. “El saque de banda no es solo lanzar la pelota”, explica mientras coloca los pies detrás de la línea. “Hay que hacerlo bien para que el equipo no pierda la jugada”.

Entonces repite el gesto lentamente: ambos pies en el suelo, el balón detrás de la cabeza y el movimiento completo del cuerpo hacia adelante. Los niños lo imitan una y otra vez. Valencia hace repetir la acción varias veces y celebrando cuando alguien lo ejecuta correctamente.

Ellos son como una esponja”, suele decir. “Si repiten bien los ejercicios, lo aprenden para siempre”.

A unos metros de distancia, Armando Wila dirige otra dinámica. A diferencia de Valencia, su método es más dinámico, casi siempre con el balón rodando. Organiza pequeños circuitos de control, pases rápidos y definición al arco. Los niños corren, se tropiezan, se levantan y vuelven a intentarlo.

“¡Muévanse, muévanse!, ¡El fútbol es con la pelota!”, grita entre sonrisas.

La escena refleja bien cómo se complementan. Valencia se concentra en los detalles técnicos, en la disciplina del gesto futbolístico. Wila, en cambio, apuesta por el ritmo del juego, la creatividad y la confianza con el balón.

Armando Wila fue el goleador en 2014 del campeonato ecuatoriano con Universidad Católica.

Armando Wila fue el goleador en 2014 del campeonato ecuatoriano con Universidad Católica.Cortesía

Una nueva etapa en la escuela Real Sociedad

Para Armando Wila, esta etapa representa una reconciliación con el fútbol. Su último partido en la Serie A ecuatoriana lo disputó en 2017 con Fuerza Amarilla Sporting Club. Después vinieron pasos breves por equipos menores y finalmente el retiro.

El exdelantero nunca ocultó su decepción con ciertos episodios dirigenciales que, según él, marcaron su carrera. Durante años sostuvo que conflictos con directivos del balompié nacional le cerraron puertas.

“El fútbol actual está amañado, dañado y contaminado”, afirma con franqueza. Sin embargo, también reconoce que esa etapa quedó atrás. Hoy su enfoque es otro: formar futbolistas desde abajo.

Hace dos años dirigió al club de segunda categoría Atlético Quinindé, con el que logró un histórico título provincial en Esmeraldas y la clasificación al nacional de ascenso, pero ahora dedica tiempo a trabajar con niños en la escuela Real Sociedad.

“Lo importante es que los chicos aprendan y se distraigan”, explica. “El tiempo está difícil y el deporte es una buena salida”.

El legado del barrio

Valencia, por su parte, habla con nostalgia de la época en que los futbolistas aprendían en canchas de tierra llenas de piedras. Recuerda que antes los entrenadores tenían poca paciencia y que muchas cosas se aprendían “a la brava”.

Por eso ahora intenta enseñar de otra manera. “Antes salíamos del potrero como salga. Ahora tratamos de enseñar con calma”.

En 1999, Barcelona apostó por renovar su delantera con un joven David Valencia.

En 1999, Barcelona apostó por renovar su delantera con un joven David Valencia.Cortesía

Los niños lo escuchan atentos cuando cuenta anécdotas de su carrera o cuando explica el origen de sus apodos. “Articulado” nació en Quito, cuando aparecieron los primeros buses articulados del sistema Trolebús y alguien comparó su estatura con esos vehículos largos. “El Galgo”, en cambio, se lo puso un amigo por su velocidad en la cancha y en alusión a los veloces perros de carreras.

Ambos sobrenombres todavía resuenan entre los padres que observan los entrenamientos desde la banda.

Sembrar futuro en Quinindé

La escuela Real Sociedad funciona desde hace casi dos años y se ha convertido en un pequeño punto de encuentro para las familias del sector. Padres, entrenadores y alumnos se conocen por nombre. La cancha es, más que un lugar de entrenamiento, un espacio de camaradería.

Al caer la tarde, los niños terminan la práctica con un pequeño partido. Wila aplaude una gambeta bien hecha; Valencia corrige la posición de un defensor. El balón sigue rodando.

Quizás ninguno de esos chicos llegue al fútbol profesional. Pero en esa cancha de Quinindé, dos exdelanteros que nunca jugaron juntos han encontrado una nueva forma de hacer equipo: enseñando que el fútbol, antes que negocio o polémica, puede ser también escuela, disciplina y esperanza.

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