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Johan Padilla sueña con devolver la gloria al Nacho

Padilla sueña con devolver la gloria al Nacho tiempo que se reivindica, después de que “alguien” le dijera al salir de Independiente del Valle que “no volvería a jugar en ningún equipo”.

Johan Padilla
Johan debutó en primera división en 2012 con Independiente del Valle, sin embargo en cuatro temporadas con el cuadro rayado solo llegó a sumar doce apariciones.Hamilton López / EXTRA

Johan Padilla siente que esta temporada con El Nacional es una revancha en su carrera. “Con un buen trabajo, tapo bocas”, reivindica a EXTRA mientras, con la voz entrecortada, recuerda uno de los momentos más duros de su carrera, pero el que le permitió llegar hoy a su mejor versión en el arco del Nacho.

“Alguien me dijo que no iba a volver a jugar en ningún equipo que no sea Independiente del Valle”, recuerda sobre su salida del elenco rayado, que no fue en buenos términos. Reconoce que ocurrió por “las locuras de la edad”, porque Johan tuvo unos años en los que “era irresponsable con el trabajo y no llegaba a entrenar”.

Aún le duele un poco recordar la forma en que salió del elenco de Sangolquí, pero tras ese tiempo en el Valle y la complicada despedida que tuvo, aprendió la lección y su carrera dio un giro. “Fue al salir cuando aprendí a ver mi trabajo, porque estaba relajado sabiendo que siempre iba a estar de segundo arquero”, admite.

El espacio para ese cambio de rumbo fue Aucas, donde el curso pasado brilló en el tramo final, ganándose el derecho a seguir en la máxima categoría. “Aucas me tuvo más paciencia en cuatro meses que Independiente en cinco años” , dice, a la vez que agradece los quince partidos con el Papá, que le dejaron mostrarse y tomar conciencia “del potencial que tenía para lograr cosas grandes”.

Por eso esta temporada con el Nacho está siendo un sueño y Johan dice que ahora cuida su trabajo con mucha disciplina. “Uno tiene que caer para aprender y eso me pasó a mi. Ahora hago todo lo contrario, retribuir en cada partido la confianza que me ha dado El Nacional”, señala.

Pero no olvida lo que vivió, ni de donde salió. Padilla asegura que cada vez que salta a la cancha le vienen todos los recuerdos del proceso que atravesó hasta lograr que su nombre sea respetado en el fútbol ecuatoriano. Desde la mala experiencia en Independiente, las necesidades que pasó en las formativas de Barcelona y, por supuesto, sus inicios, en el barrio 15 de Marzo de Esmeraldas.

“Mi historia es media loca. En una final sub-12, con el Juventus, no llegó el arquero. Era zaguero central, pero le dije al profe que me meta al arco. Quedamos empates, nos fuimos a penales y en ese chiste, tapé cuatro tiros”, relata con una sonrisa en el rostro.

A sus doce años encontró su vocación. Su madre, Enriqueta Quiñónez, le regaló sus primeros pupos y empezó a acompañarlo a varias ciudades para que juegue partidos y se muestre. En poco tiempo lo llevó a Guayaquil a las formativas del equipo torero y entonces el joven arquero empezó a forjar su carácter.

“Llegó un momento en que sufrí de ‘mamitis’”, reconoce al pensar en las veces que no tenía ni para comer y solo quería volver a su casa, porque el club tenía problemas económicos y no alcanzaba para pagar a los juveniles.

Aún así, Johan aguantó y eso se lo agradece a su progenitora, que constantemente lo llamaba para convencerlo de que valía la pena seguir entrenando. Él le hizo caso y se dedicó a mejorar. “Una costilla dañada por aquí, otra por allá, pero las ganas de jugar eran más grandes que el miedo”, recuerda sobre sus primeras lanzadas.

“Veía a Máximo Banguera y claro, de pelado, uno piensa que es fácil, pero ya siendo profesional te das cuenta que hay que practicar mucho”, dice.

Fue hincha de Emelec

Hoy siente que, aunque todavía tiene errores, está demostrando un buen nivel y ha alcanzado la madurez. El Nacional así lo valora y por eso para la dirigencia fue una prioridad la renovación del guardameta. A finales de septiembre le extendió el vinculo por cinco años. “Me siento a gusto aquí, mi familia está tranquila, y ojalá solo salga para jugar a nivel internacional”, desea.

Johan se ha encariñado mucho con el cuadro criollo, aunque curiosamente de niño era hincha de Emelec. “Ahora ya no, porque uno se vuelve profesional y hay que ser hincha del equipo que te da de comer. Así que soy más rojo que nunca”, aclara.

Justamente, el equipo millonario es el más grande rival de los militares en este cierre de campeonato. Quedan tres jornadas y para lograr el sueño de ganar la etapa hace falta algún tropiezo de Emelec antes de la fecha final, en la que se enfrentan.

En el equipo todos mantienen la esperanza y creen que cuentan con un plus al ser todos tan jóvenes, pues la idea que tienen a nivel individual es consolidar su nombre. “De esto depende nuestro futuro y estamos con mucha ambición”, dice.

Además, como grupo hay un pensamiento de querer hacer historia con el Rojo, ya que hace diez años que el club no gana nada. “Nos metimos en la cabeza que El Nacional es grande, que hace mucho que no queda campeón, que hace tiempo que existe hambre de gloria. Todos queremos ganar prestigio y este es el momento”, cierra.