Eduardo Quiñónez, del top 10 mundial al silencio del balonmano ecuatoriano
Tras hacer historia con Ecuador en Grecia 2022, Eduardo Quiñónez volvió al anonimato institucional. Desde Socio Vivienda 2 sostiene el balonmano con carácter

110 goles en un Mundial y ninguna ayuda: la dura realidad de Eduardo Quiñónez en Ecuador.
Año 2022. Mientras Grecia era escenario de un Mundial, Eduardo Quiñoñez escribía su propia hazaña con la selección de balonmano: 110 goles en 9 partidos, uno de los máximos artilleros del torneo.
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Desde Socio Vivienda 2, al norte de Guayaquil, el recuerdo más tangible es una medalla; lo demás fue silencio. Pasaron cuatro años desde aquella selección que volvió sin entrenador ni viáticos, y la vida siguió su curso.

Eduardo Quiñónez, cuando estuvo en el Mundial de Grecia.
Hoy, a los 44, Quiñoñez es jugador y entrenador, maestro sin pizarra ni presupuesto. Forma talentos donde no llega el apoyo, sosteniendo el deporte a puro carácter, como si cada gol aún valiera lo mismo que en Grecia.
¿Luego del Mundial 2022, qué es de la vida de Eduardo Quiñónez y en qué cambió su vida después del Mundial?
La verdad es que después del Mundial no cambió nada. Nada. Lo único que ha crecido es la familia, el club. En el lugar donde entrenamos se han sumado más chicos, pero desde lo deportivo y estructural, nada. Todo siguió igual.
Su vida desde Socio Vivienda 2
¿En vez de mejorar el deporte, pasó lo contrario?
Sí, esa es la verdad. Creo que fue una mala administración. No supimos aprovechar el momento histórico de clasificar a un Mundial, de ir por primera vez con un deporte nuevo y competir a ese nivel. Ese impulso se perdió y, en lugar de crecer, se fue apagando.

Del Mundial a la autogestión: la historia actual de Eduardo Quiñónez.
¿En qué se falló?
Creo que no se le dio el valor que merecían todos los mundialistas. No se supo aprovechar ese logro: clasificar a un Mundial, quedar en lo personal dentro del top 10 del mundo, ser uno de los máximos goleadores con 110 goles. Todo eso debió ser una base para impulsar el deporte desde la Federación, pero no se le sacó ese plus que teníamos que aprovechar.
¿Falló la parte de financiamiento?
Creo que sí. Fue más por ahí. No se vendió el proyecto como debía hacerse. Después del Mundial solo salimos una vez a competir, a un Panamericano Centro-Sur, y desde ahí no hemos vuelto a representar al país como selección. Eso bajó mucho la participación y el nivel.
¿Eso duele después del Mundial?
La verdad que sí, duele mucho. Como deportista lo veo casi como un fracaso. Llegar a la élite mundial no fue fácil, nada fácil. Todo se logró por el esfuerzo propio de los diez jugadores que estuvimos ahí. Duele dejar perder todo lo que se cosechó y prácticamente tener que empezar de cero.

Eduardo Quiñónez, haciendo una jugada de balonmano en su sector en Socio Vivienda 2.
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Don Q es un club particular suyo, ¿cómo está ese proyecto?
Hemos crecido en lo personal y como grupo. Tenemos muchos más chicos de sectores vulnerables de Guayaquil, de distintos puntos de la ciudad. Tratamos de compartir lo poco o mucho que sabemos. Seguimos junto a la profe Yajaira Mosquera, Ricardo Santander, Santiago Quinde y todos los que formamos el Club Don Q. La idea es seguir, no dejar morir el deporte.
¿Todo esto es autogestión?
Totalmente. Nosotros no cobramos un centavo. Es autogestión de los padres y de la categoría absoluta. Todos trabajamos, somos profesionales, y desde ahí tratamos de sostener esto para que no muera.
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¿Sacó el nombre de Socio Vivienda 2 al mundo ligado al deporte?
Sí, como siempre. Socio Vivienda 2 tiene muchísimo talento, pero lastimosamente no sabemos aprovecharlo. No sabemos explotar ese talento en el deporte. Hay mucha niñez que necesita ayuda, que pide a gritos una oportunidad, pero son muy pocos los que realmente trabajan para dársela.