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El gran día para la integración
Este 15 de julio se define el campeón del Mundial Rusia 2018. Aquí te traemos el resumen del camino hecho por las selecciones de Francia y Croacia.

Paúl Pogba es uno de los jugadores destacados de la selección.
A Francia no se le reconoce su éxito como a otros países. O, como poco, siempre se le pone una coletilla. “Más de la mitad son africanos”. Una afirmación poco precisa. La mayoría (hasta quince) de sus jugadores tienen orígenes de este continente pero solo dos, Umtiti y Mandanda, son nacidos fuera de las fronteras galas. Su éxito radica en el aprovechamiento de una inmigración cotidiana, normalizada en Francia más allá de movimientos radicales, y que ha generado un sinfín de idas y vueltas en las relaciones. Pero el deporte es el mejor vehículo hacia la integración.
“Es desde hace años una riqueza del fútbol francés y de todo nuestro deporte. Se sienten orgullosos de jugar para su país, para Francia, aunque tengan lazos lógicos con su origen donde tienen familia y amigos, que seguro que también están muy orgullosos de verles en una final del Mundial”. Así lo resumió ayer Didier Deschamps, conductor de estos hijos de la inmigración y capitán de la primera generación que superó tabúes en el territorio francés. Los ‘Black, Blanc, beur’ (negro, blanco, árabe), como se les llamó jugando con el lema Bleu, blanc, rouge (azul, blanco y rojo) por los colores de la bandera.
Aquel triunfo de 1998, con jugadores como Barthez, Blanc o el propio Deschamps, pero también con Desailly, Thuram y, por encima de todos, Zinedine Zidane. Aquella fue la selección que rompió barreras, que unió al país y que acercó a la inmigración al pueblo francés de la Liberté, Égalité, Fraternité. Si bien es cierto que la égalité (igualdad) no es total, ya que las afueras de las grandes ciudades (banlieues) viven ciertamente desplazados en ocasiones, el fútbol marcó un antes y un después en la forma que fueron vistos los jóvenes de origen africano.
Inmigrantes de segunda generación. Hijos de un doloroso éxodo africano hacia el país colonizador, que hoy les dio las herramientas para triunfar. ¿Por qué Francia brilla mientras los país africanos caen en primera fase del Mundial? “Deben entender que hay que jugar en equipo”, resumió Deschamps ayer en la sala de prensa del estadio Luzhniki. La distancia con el éxito se recorta con la formación. Clairefontaine, el centro de alto rendimiento de París y casa de la selección, es un semillero de talento.
Sin embargo, Francia vive una contradicción constante. En Sudáfrica hubo problemas de comportamiento de la selección, se achacaron al grupo formado por los ‘africanos’, entre ellos Anelka quien fue expulsado, y se evaporó el lema de 1998. El caso Benzema, que él considera como racismo, o desencuentros al pitarse la Marsellesa por inmigrantes tunecinos en un amistoso ante este país en Francia, radicalizaron y complicaron la unión. Más aún cuando hace un año la líder del partido de extrema derecha, Marine Le Pen, llegaba a la segunda vuelta presidencial con un gran apoyo de la ciudadanía a su discurso sobre la identidad y radical sobre la política de inmigración.
“Esto (las diferentes razas y culturas) es lo que hace a Francia una linda Francia. Así es como la amamos”, expresó Paul Pogba, en un mensaje similar al dado por la gran estrella e imagen de esta generación de la diversidad cultural, Mbappé: “Quiero encarnar lo que es Francia y representarla de la mejor forma”.
Hoy pueden culminar el camino y convertirse en ídolos históricos para el país que los vio nacer, recuperando los mejores momentos de la Francia de inicio de siglo y cortando el crecimiento de las diferencias. 15 jugadores de origen africano, junto a Griezmann (aunque su abuelo era portugués), Lloris o Giroud pueden volver a colocar a Les Bleus en lo más alto del fútbol mundial.
Origen de los ‘africanos’ de Les Bleus
Primera generación
Steve Mandanda: Nacido en RD Congo
Samuel Umtiti: Nacido en Camerún
Segunda generación
Djibril Sidibé: Mali
Presnel Kimpembe: RD Congo
Adil Rami: Marruecos
Benjamin Mendy: Senegal
Blaise Matuidi: Angola
N’Golo Kanté: Mali
Paul Pogba: Guinea
Corentin Tolisso: Togo
Steven N’zonzi: RD Congo
Nabil Fekir: Argelia
Thomas Lemar: Nigeria
Kylian Mbappé: Camerún y Argelia
Ousmane Dembelé: Mali y Senegal
Waterpolo, el espíritu croata
Los aficionados del país balcánico lucen gorros de este deporte en todos los partidos recordando el logro deportivo más importante del país -hasta hoy- y el espíritu luchador del plantel rojo y blanco. Ayer fueron quienes animaron la previa en Moscú.
“Griezmann no es uruguayo, es francés. Él no sabe lo que tenemos que luchar en un país tan pequeño para competir con el resto”. Luis Suárez, cansado de que a la estrella francesa le vistiesen de charrúa, sacó su orgullo. El de Uruguay, un país de solo tres millones de habitantes, el más pequeño en tener un Mundial. Hoy, Croacia, de apenas 4,2 millones y 26 años de existencia, buscará su primer estrella futbolística. Para conseguirlo, como los charrúas, fue, es y será necesario mucho esfuerzo, sacrificio y corazón.
“Esto no va de un futbolista, o de 23, o de los técnicos, físicos o médicos. Esto va de cuatro millones de personas que nos sentimos hermanos, somos solo uno. Solo si eres croata puedes entender lo que estamos sintiendo estos días”. Rakitic, criado en Suiza por los conflictos bélicos en territorio balcánico, afirmó también que aceptaría dejar el fútbol mañana si hoy le aseguran la copa de campeón. Ese orgullo nacional, el poderío físico y la competitividad innata que tienen han cimentado el milagro croata.
La de esta tarde será la final más importante por la repercusión del fútbol. Pero Croacia ya ha tocado el cielo en otros deportes, como en el tenis con Marin Cilic y la Copa Davis, el balonmano y, sobre todo, el waterpolo. En la piscina son los reyes del mundo: Campeones olímpicos en 2012 (plata en 1996, la primera del país), de Europa en 2010 y mundiales en 2007 y 2017.
“Che, ¿qué hacen esos boludos con esos gorros?”. En la calle principal de Nizhny Novgorod, cinco horas antes de que Argentina sucumbiese por 3-0 ante Modric y compañía en la segunda fecha, los fanáticos argentinos bromeaban, se reían de los atuendos croatas e incluso se burlaban: “Y ya lo ve, y ya lo ve, tu camiseta es un mantel”. En la cabeza de muchos de los seguidores balcánicos lucía un gorro de waterpolo, uno de los elementos ya más carismáticos de esta cita mundialista de Rusia 2018.
Corluka no estará hoy en la cancha. Apenas ha jugado este Mundial, a la sombra de Vrsaljko, pero el veterano jugador, además de su exitoso pasado, inspiró una de las peculiaridades de esta cita mundialista y que sirve como ejemplo de la lucha de su país por hacerse sitio entre los gigantes. En 2016, durante la Eurocopa, recibió un golpe y se le abrió la cabeza. Le vendaron y siguió jugando, pero finalmente tuvieron que recurrir a un gorro de waterpolo para que continuara en cancha. Y se convirtió en ícono.
La imagen de uno de los capitanes jugando ensangrentado, con una indumentaria de la disciplina más exitosa de la historia del territorio europeo, motivó al país. Aquel gorro, además, perteneció al campeón olímpico Paulo Obradovic, que se lo regaló al médico Boris Nemec, quien trabaja también con la selección de fútbol. El espíritu del waterpolo llegaba al fútbol. “Significa el éxito, el poder croata, la lucha, el amor por jugar representando a este pequeño país”, explica un aficionado a este diario, entre canción y canción en el centro moscovita.
Por eso en los graderíos del Luzhniki hoy habrá cientos de estos gorros. “Porque representa el sacrificio croata”, completa otro aficionado croata en la calle Nikolskaya de Moscú, tatuato y con la camiseta de Kranjcar, quien fue una de las mayores esperanzas del fútbol de este país tras Boban, pero que finalmente se quedó en el camino y se estancó cuando llegó al Tottenham. “Le faltó ese corazón que sí tiene Mandzukic, Perisic o Rebic”, considera el fanático, llamado Ladislav, que significa gobernar con gloria.
La misma pasión que han demostrado los jugadores, superando dos llaves en los penales y la última, en el alargue, es la que tienen los hinchas. El gorro lo guardan hasta el día del partido porque con él “apenas se escucha y da mucho calor”. No son muchos, suelen ser minoría, pero sus gritos retumban más que cualquiera. Incluso cuando se enfrentaron a los miles de aficionados de la albiceleste. “Somos fuertes, somos grandes -dice riéndose uno de los hinchas del grupo en Nikolskaya mirando al más alto de sus amigos- y nos gusta ser minoría”.
Son generaciones criadas en un contexto complicado. Muchos, como los jugadores, hijos de la dura y cruda guerra de los Balcanes. Como Modric, que tuvo que desplazarse de su ciudad, Rakitic, nacido en Suiza, Lovren, quien se exilió a Alemania y después regresó a su país por la falta de oportunidades, Mandzukic, también en territorio germano... “La guerra me hizo más fuerte. No quisiera tener eso en mí para siempre, pero tampoco quiero olvidarlo”, contó Modric en una de las pocas entrevistas en las que se refirió a este complicado pero vital pasado.
Hoy, cuando salten a la cancha, lo harán con aquello presente. “Para nosotros es un triunfo... Un triunfo de la independencia por todo lo que nos costó”, afirma Ladislav. Con el espíritu del waterpolo buscarán la gloria que este hincha lleva en su nombre. Un día para la historia balcánica.
Un pays. Un peuple. Une équipe. Tous ensemble nous serons #FiersdetreBleus ?? ???? pic.twitter.com/WTUuDPWGV1
— Equipe de France (@equipedefrance) 14 de julio de 2018
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— HNS | CFF (@HNS_CFF) 14 de julio de 2018
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— HNS | CFF (@HNS_CFF) 14 de julio de 2018