TUNGURAHUA
Con banda de pueblo y tradición: así fue la despedida a colaboradores del INEC en Tungurahua
Entre caravanas, banda de pueblo y rituales ancestrales, despidieron a las víctimas del trágico accidente el 19 de marzo en Loreto, Orellana.

Verónica Toaza fue despedida en Pinllo, Ambato, en compañía de sus familiares y amigos.
El dolor se volvió multitud. Entre lágrimas, música de banda y rituales ancestrales, familiares, amigos y vecinos dieron el último adiós a los colaboradores del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) que perdieron la vida en un trágico accidente de tránsito el 19 de marzo.
En la parroquia Pinllo, al norte de Ambato, desde las 15:00 del domingo 22 de marzo, los seres queridos de Verónica Toaza retiraron su féretro de la sala de velación. El ataúd blanco avanzó en medio de una caravana llena de nostalgia hasta la iglesia, donde se celebró la misa, y luego fue llevado al cementerio general de la parroquia.
“Verito”, como la llamaban de cariño, tenía 42 años. Era supervisora del INEC desde hacía más de dos años, madre de tres niñas de 12, 8 y 6 años, y la mayor de dos hermanos. Su partida dejó un vacío imposible de llenar.
En Pelileo, el dolor también se hizo sentir. Jefferson Moreno, el conductor, fue despedido con una multitudinaria caravana acompañada por la Cooperativa de Transporte González Suárez.
La banda de pueblo marcó el ritmo de un adiós cargado de pena profunda. Su padre, Tarquino, recordó que su hijo comenzó a trabajar desde los 18 años, apenas obtuvo su licencia profesional. “Siempre fue trabajador”, dijo con la voz quebrada.
Mientras tanto, en otro punto de Tungurahua, cerca de las 16:00, Jessenia Masaquiza Chango también era despedida en Salasaka. Su ataúd fue cubierto con chumbis (fajas tradicionales) y adornado con sombreros de su cultura indígena. Su despedida se realizó en kichwa y en español, en medio de rezos, cantos y tradiciones que evocaban sus raíces.

En Pelileo, Jefferson Moreno recibió un último adiós con banda de pueblo y una caravana de transportistas.
48 horas de angustia para traerlos a casa
La despedida estuvo marcada por una espera dolorosa. Los familiares tardaron cerca de 48 horas en recuperar los cuerpos.
Cristopher Toaza, primo de Verónica, recordó que la noticia del accidente llegó la tarde del jueves. Esa noche fue eterna. No había nada que hacer, solo esperar. En la madrugada del viernes, emprendieron un viaje de más de ocho horas desde Ambato hasta El Coca, en Orellana, con la esperanza de encontrar a su familiar.
Pero al llegar, la tragedia se profundizó: los cuerpos no estaban ahí. Fueron trasladados hasta Lago Agrio, en Sucumbíos, debido a la falta de un centro forense en Orellana. Dos horas más de viaje, con el corazón hecho pedazos.
En Lago Agrio, varias familias se encontraron unidas por el mismo dolor. Estaban los parientes de Jessenia Masaquiza, de Salasaka; de Ruth Sisa, de Riobamba; de Vilma Roque, de Bucay; y de Jefferson Moreno, de Pelileo.
Horas interminables pasaron entre trámites, necropsias y papeleo. Sin dormir, sin comer, sin poder asimilar la pérdida. La familia de Jefferson fue la única que logró adelantar el proceso, pues viajó la misma noche del accidente. Su cuerpo llegó a Pelileo la madrugada del sábado.
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Los demás arribaron la mañana del sábado, en una caravana fúnebre marcada por el silencio, el cansancio y un dolor que no daba tregua.
El cuerpo de Ruth Sisa fue llevado hasta Riobamba, donde su madre, Martha, repetía entre sollozos: “Mi hija, se me fue parte de mi vida”. Mientras que Vilma Roque emprendió el viaje más largo, rumbo a Bucay, en Guayas.
Según las primeras investigaciones, el accidente habría ocurrido cuando el conductor de la camioneta intentó rebasar a otro vehículo, provocando un choque frontal contra un bus interprovincial. Las autoridades continúan con las diligencias para esclarecer responsabilidades.

En Salasaka, el ataúd de Jessenia Masaquiza fue cubierto con chumbis y símbolos de su cultura ancestral.
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