Fanesca ecuatoriana: receta tradicional paso a paso para Semana Santa
El tradicional platillo se caracteriza por la diversidad de sus componentes, cada uno con un rol específico en sabor y simbolismo.

La fanesca, plato emblemático de la Semana Santa ecuatoriana, combina granos andinos, lácteos y bacalao en una receta de larga tradición.
La fanesca no es solo una sopa: es una de las expresiones más representativas de la identidad cultural ecuatoriana durante la Semana Santa. Este plato, de preparación compleja y colectiva, reúne historia, religión y tradición en cada cucharada.
Consumida principalmente en Viernes Santo, su origen combina prácticas indígenas y simbolismo católico, donde los 12 granos representan a los apóstoles y el bacalao a Jesucristo.
Los ingredientes: una receta cargada de significado
La fanesca se caracteriza por la diversidad de sus componentes, cada uno con un rol específico en sabor y simbolismo.
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Base y protagonistas
El corazón del plato está compuesto por:
- Bacalao seco, previamente desalado
- Zapallo y sambo, que aportan textura y dulzor
- Leche y crema de leche, responsables de su cremosidad
- Maní licuado, que intensifica el sabor
Los 12 granos
Uno de los elementos más representativos es la mezcla de granos, cocidos por separado antes de su integración. Entre ellos destacan: chochos, habas, arvejas, lentejas, fréjoles (en varias variedades), choclo, arroz, garbanzos, quinua y trigo.
Preparación: un proceso que une generaciones
La elaboración de la fanesca es un ritual culinario que suele involucrar a toda la familia. Su preparación, aunque laboriosa, sigue una secuencia clara:
- El refrito (base del sabor): En una olla grande se elabora un refrito con mantequilla, achiote, cebolla, ajo y especias. Este paso es clave, ya que define el carácter del plato.
- Cocción de zapallo y sambo: Ambos ingredientes se cocinan hasta deshacerse, formando una base espesa que dará cuerpo a la sopa.
- Incorporación del bacalao: El pescado, cocido previamente en leche, se añade a la preparación principal, aportando profundidad de sabor.
- Integración de los granos: Los granos cocidos se incorporan poco a poco, removiendo constantemente para lograr una mezcla homogénea.
- Toque final: Se agregan la leche restante, el maní licuado y, al final, la crema de leche, logrando una textura suave y aterciopelada.
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Acompañantes: el contraste perfecto
La fanesca no se sirve sola. Su presentación incluye una variedad de guarniciones que aportan color y textura:
- Masitas fritas
- Maduro frito
- Huevo duro
- Queso fresco
- Cebolla encurtida, ají y perejil
Estos elementos no solo decoran el plato, sino que enriquecen la experiencia gastronómica.
Un plato que trasciende la cocina
Más allá de sus ingredientes, la fanesca representa un acto comunitario. Su preparación implica colaboración, transmisión de saberes y memoria familiar. No es casual que sea un plato reservado para una época específica del año: su valor radica tanto en su sabor como en el ritual que la rodea.
Clave final: conservar su textura
Debido a su consistencia espesa, la fanesca tiende a compactarse al enfriarse.
Para recalentarla, se recomienda añadir leche caliente y mezclar suavemente hasta recuperar su cremosidad original.