Mauricio Ayora, Caterva, sin filtros: drogas, críticas, política y su posible retiro a los 60 años
Mauricio Ayora, conocido como Caterva, destacó la importancia de conectar con el público con lenguaje popular. Analiza su jubilación, pues llegará a los 60

A Caterva no le importa que lo critiquen por su forma de hablar y vestir para dar noticias.
Ni las noticias más preocupantes le quitan ese ánimo de “guayaco siempre alegre” a Mauricio Ayora, conocido popularmente como Caterva. Quien lo ve los viernes con sus camisas “floripondias” (estampadas con flores grandes y llamativas), sus gafas y ese toque a lo Hugo Lombardi en DespiérTC El Noticiero, de TC Televisión, difícilmente imagina que detrás hubo un joven que estudió hasta segundo año para ser maestro de religión.
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En entrevista con EXTRA, el presentador de 59 años contó de dónde nacen sus expresiones para “darle palo” a los pillos, habló de sus momentos buenos y malos en la televisión, de su pasado con drogas y alcohol y explicó por qué ahora prefiere leer un buen libro en casa antes que “entregar papaya” en la calle. Incluso reveló que el 21 de abril cumplirá seis décadas de vida, por lo que abordamos el tema de su jubilación y esto fue lo que dijo:
Vemos tus coloridas prendas, sombreros, gafas y ese toque que le pones a las noticias. ¿Crees que esa es tu identidad?
Lo hago principalmente por la gente, por el público, por el televidente. Que a ellos les agrade lo que diga, comente o cómo me proyecte. Porque si uno satisface en este trabajo su ego personal, está liquidado; tiene vida corta. Yo prefiero trabajar para la gente.
Tienes un clóset muy colorido, me imagino…
Sí, sí, sí. Decenas de camisas de toda la vida. Tengo unas fosforescentes verdes, hawaianas originales de los años 90. Imagínate, yo siempre he andado así, todo floripondio, súper chévere, marca la cachimba. Aquí el guayaco siempre alegre, siempre listo. A pesar de los problemas personales, económicos o políticos, siempre con ese ánimo de seguir adelante y despertarse a un nuevo día.
¿Tuviste miedo de las críticas? Al estar en noticias puedes desencajar…
Me critican y qué bueno. A veces personas amigas me dicen: “Mauricio, mira lo que dicen…”. Es su opinión, está chévere. De diez opiniones, una o dos negativas son parte del proceso, de la historia de alguien que está en el ojo público. Para mí está bien. Déjalos, es su vida. Hasta un abrazo les doy por su humilde opinión.

Desde los 80, Mauricio ya imponía estilo con sus atuendos llamativos y era el alma de las fiestas.
Esas palabras que te escuchamos decir como “tracalada de pillos”, ¿de dónde nacen?
De ustedes, de la gente y de lo que escuché desde niño. A mis abuelos. Yo oía: “mira esa tracalada de marihuaneros en la esquina”, “sarta de vagos”, “caterva de ociosos”, “tergua de ociosos”. Son expresiones que se han ido perdiendo con el tiempo.
¿Cuáles son las más populares? ¿Las que más le pide la gente?
Todas. He usado tantas que las tengo anotadas en el celular para no olvidarme. Es como un diccionario de sinónimos: chabacana, care moco, torombolo, bartolo… Todas utilizadas en vivo, en diferentes momentos y contextos.
Originalmente quería ser actor, pero ante la falta de oportunidades en el teatro local decidió estudiar otra carrera para mantenerse.
Usted es un personaje. ¿Cómo maneja esa popularidad cuando sale a la calle?
Ya salgo poco, no me expongo mucho. Prefiero reuniones íntimas con amigos o familia. Salir al supermercado y alguna cena, nada más. Ya no ando ‘bandereándome’ para no exponerme, para no “entregar papaya”. Si alguna vez me han dicho: “¿Viste cómo entregas papaya, Caterva?”, pues no vale. Mejor tranquilito en casa: televisión, buenas películas, leer un buen libro. Me encanta leer. Empiezo un sábado en la mañana y cuando veo ya son las cinco de la tarde. Me pierdo por horas.
Me dijeron que sale con gafas y gorra…
Claro, gafas, gorra y hasta mascarilla. A veces me reconocen y me dicen: “Ya, Caterva”. Yo les digo que no soy, y me responden: “Ah ya, tranquilo, siga nomás”.
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Estudió para ser profesor de religión. ¿Es cierto?
Claro que sí. Estudié dos años y tengo título de maestro de religión en el Instituto Juan Pablo II de la Iglesia Católica. Ahí estaba monseñor Juan Larrea Holguín, quien nos daba charlas, además de otros sacerdotes que impartían materias como historia de la Iglesia y antropología.
¿Qué lo hizo desviarse?
El mundo me jaló. El mundo y sus vicisitudes.
¿Se sintió atraído por la comunicación?
Sí. Yo quería ser actor. Como no pude serlo aquí, admiraba a mis amigos del teatro Candilejas. Admiro mucho a los actores y actrices de este país porque la han tenido dura. Entonces decidí estudiar otra carrera y, de pronto, se dio la oportunidad en un canal de televisión. Desde 1988 estoy en esto.

El presentador de TV preparó un look colorido para la entrevista con EXTRA.
¿Tocó puertas en la actuación?
Sí, participé en algunas producciones y comerciales.
En la política no lo veremos, ¿verdad?
No, no, no. De joven hice política estudiantil en la Universidad de Guayaquil, pero vi tantas cosas que prefiero no contarlas. Fue una época dura, con amenazas e intimidaciones. La política es complicada. Chao, chao. Estoy dedicado 100 % a mi profesión y al público.
Pero lo han tentado…
Claro. Me han ofrecido cualquier cantidad de dinero, pero aquí estamos, tranquilo. Suave como la brisa.
Usted mencionó que pensaba jubilarse a los 60.
Lo estoy pensando. Necesito asesorarme bien por el tema de la cesantía o la jubilación completa a los 65. Ya tengo cumplidas las aportaciones mínimas al IESS, pero quiero conversar con Rafael Cuesta, que además de gerente es un buen amigo. Sí quiero darle paso a las nuevas generaciones. A los 65 podría acogerme a la jubilación completa y tener una vejez más holgada en estos tiempos difíciles.
¿Qué agradece de toda esta trayectoria?
A Dios. Cuando estás llegando al final de la meta y miras atrás, así te hayan ocurrido cosas malas o te haya atropellado un tren, qué buena ha sido la vida. El balance es positivo. Pasé por falta de trabajo, pero con fe y esperanza seguí adelante. Gracias, Señor, por todo lo bueno y lo malo. Estamos “chatos” con el Creador.
¿Hay algo que quisiera borrar?
Muchas cosas. Las drogas, el alcohol, los malos comportamientos que tuve de joven. A veces me encuentro con personas y lo primero que hago es pedir perdón si hice daño u ofendí. Fui un energúmeno a los 20 y 30 años con ese ritmo de alcohol y drogas. Cuando dejas eso, la mente se tranquiliza y respondes mejor a la sociedad.
¿Qué les diría a las nuevas generaciones que se marean con la fama?
Le agradezco a Dios que la fama no me llegó de muchacho, porque era un completo idiota y ya habría fracasado. Mejor que llegó de adulto, más tranquilo y sereno para ser mejor profesional. He visto muchas estrellas nacer y desaparecer.
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