Arte, familia y tradición: así se crean los monigotes gigantes en el suroeste de Guayaquil
Los creadores de los monigotes gigantes también guardan historias. Cada pincelada dice de ellos los años que han dedicado al arte y las experiencias

Entre las figuras exhibidas también se encuentran las pensadas para niños o personajes extraídos de redes sociales.
Así como cada monigote gigante -de la ruta de Años Viejos del suburbio de Guayaquil- tiene su propia historia tomada de una película o caricatura, sus creadores, los artesanos, también la tienen.
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De acuerdo con el Municipio de Guayaquil, son 21 muñecos elaborados con papel, cartón, almidón o espuma los que se levantan en el suroeste de la urbe porteña para alegrar las festividades y darle el toque característico al fin de año en Ecuador.
Las esquinas, principalmente desde la calle 17 hasta la 13, en sectores como Alcedo, Capitán Nájera, Ayacucho y Pedro Pablo Gómez, se llenan de arte hecho por los propios moradores. Aquí bien podría reescribirse El barrio de los prodigios, obra del ecuatoriano Edgar Freire, por la cantidad de talento que brota entre los vecinos.
Una de esas historias es la de Karina, de 47 años, quien junto a sus hermanos, sobrinos y demás familiares dio forma a Snoopy, en Alcedo y la 16. El monigote, de al menos tres metros de altura, luce perfectamente pintado. Su cuerpo blanco y pequeños detalles rojos reflejan con intensidad los rayos del sol que caían sobre la ciudad la mañana y tarde del viernes 26.
Nada de eso opaca el entusiasmo de Karina, quien asegura que participa activamente cada año en la construcción. “Lo hacemos desde hace más de 10 años, aunque hubo una pausa de unos cinco. Sentíamos que algo nos hacía falta y lo retomamos. Es una experiencia bonita que se disfruta más en familia”, comenta.
A Karina se le infla el pecho -sin perder la compostura- al contar que es de las pocas mujeres que corta, pega, pinta y hasta sube escaleras para terminar el proyecto. “No me da mucho miedo. Las ganas de que vean el arte que hay aquí me hacen treparme hasta lo más alto. Entre todos nos damos la mano”, dice.

Karina ha participado de la creación de los monigotes durante muchos años.
Aunque al perrito de Charlie Brown aún le falta su característico carro amarillo, la artesana asegura que son detalles que se completarán antes de la llegada masiva de visitantes. “Nos faltan las luces, que se instalan más tarde, y el autito, que ya se está terminando”, señala. El recorrido por los monigotes y las historias detrás de cada uno sigue… ¡y es largo!
Otro de los que pone manos a la obra cada noviembre y diciembre es Jesús Hermida, de 40 años, quien se desempeña como pintor de estas gigantescas creaciones del suroeste. Al igual que Karina, trabaja “bajo sombra o sol”, porque cada minuto cuenta.
Según el Municipio de Guayaquil, son 21 obras las que están exhibidas en el suroeste de Guayaquil.
Al mediodía del viernes 26, Jesús aún estaba “dándole vida”, como él mismo dice, al conjunto de monigotes de la película ‘Cómo entrenar a tu dragón’. Chimuelo ya estaba listo para exhibición, mientras la figura de Brutilda seguía en proceso.
El dragón, personaje principal, le tomó una semana completa de trabajo. “Cuando lo vi dije: ‘uh, esto va a ser fregado’, porque son varios, de gran altura y con muchos colores”, relata.
Jesús inició en esta labor hace aproximadamente siete años. Cuenta que se interesó en el arte, se inscribió en el colegio de Bellas Artes Juan José Plaza y luego empezó a hacerlo de manera profesional. Hoy, cada fin de año tiene trabajo asegurado.
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“No crea que esto es una mina de oro”, dice entre risas. “No es bien remunerado porque, al ser muñecos gigantes, uno pone su vida en riesgo y no se cobra lo suficiente como para garantizar la integridad de quienes hacemos este trabajo”.
Por el grupo de ‘Cómo entrenar a tu dragón’ pidió 300 dólares. Sin embargo, reconoce que la cifra no compensa el esfuerzo. “Me he demorado casi una semana. Normalmente, me toma dos o tres días”, explica.
Además, tiene pendientes al menos seis Años Viejos más, entre ellos un Tiranosaurio que debía pintar ese mismo viernes. “Ese me toma un par de horas. No tiene tantos colores y se avanza más rápido”.
“La gente se queda maravillada”: lo que dicen los visitantes
La familia Figueroa es otra de las que, con dedicación, realiza estas creaciones cada año. En 2025 optaron por Winnie Pooh y sus amigos, aunque algunos consideran que es una caricatura solo para niños. “No, esto le interesa a todos. Así sea por curiosidad, les causa ternura”, comentan.
La idea fue de Mary, hermana del constructor principal, quien la propuso y fue aceptada de inmediato, ya que en 2024 habían creado a los personajes de ‘Kung Fu Panda’ y la estructura base era similar. “El ‘esqueleto’ nos sirvió”, explica.
“Esto es bonito porque la gente se queda maravillada. Vienen de todas partes, ecuatorianos y extranjeros. Todos dejan propinas; incluso los de afuera dan un billete más ‘grandecito’”, cuenta entre risas.
En este sector hay espacio para todos: para quienes recién se animan a crear su primer monigote y para los que llevan décadas haciéndolo desde noviembre. Karina lo resume así: “El sol sale para todos. Aquí, además de vecinos, somos amigos y compañeros. Si a mí me falta algo, el otro mete mano para que quede bonito”. El arte se nota. Y la solidaridad, también.
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