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Diario Extra Ecuador

Con su bicicleta y un silbido inconfundible, lleva mariscos frescos casa por casa en Guayaquil

Kléber Holguín lleva productos del mar a la puerta de los hogares. Su presencia se siente en los barrios gracias a su particular silbido 

Los camarones son parte de la oferta de Kleber a sus caseros. Los transporta en un balde, con hielo  y agua.

Los camarones son parte de la oferta de Kleber a sus caseros. Los transporta en un balde, con hielo y agua.extra

Milka Franco
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Aunque han pasado más de 30 años desde que Kléber Holguín se inició en el negocio de la venta de mariscos, en el suroeste de Guayaquil, no ha cambiado su esencia: la albacora, el dorado y los camarones todavía se entregan en la puerta de las casas.

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A bordo de su bicicleta, la misma que usa desde hace algún tiempo, y con la mercadería en su gaveta de color naranja, avanza alrededor del Mercado de Mariscos de la calle Portete. En la calle 38 y sus aledañas, hasta la calle El Oro, a unas siete cuadras desde el mercado, lo conocen por su andar, su hablar y su silbido, que siempre llama la atención.

No hay cómo explicar los tonos que logra con su garganta. Sube y baja la intensidad, pero de cualquier manera llama la atención de los clientes. Al escuchar que se acerca, los compradores se ubican de inmediato en las veredas para hacer sus pedidos de la mañana. “A ver, casera, cuénteme qué le doy. Hoy tengo albacora, dorado y camarones”, expresa con alegría, otra de sus características.

¿En qué horario vende la mercadería Kleber? 

Desde las 04:00 está en pie para ir al Mercado de la Caraguay, en el sur de la ciudad, y escoger los mejores ejemplares. Por supuesto, eso incluye los que tengan mejor precio.

“Desde hace más de un año los precios están elevados, no hay cómo ganar mucho con esto”, revela. Por ejemplo, las corvinas y los dorados varían de precio entre módulo y módulo en la plaza pública y, según Kléber, ninguna autoridad controla la especulación.

La bicicleta es el medio de transporte que Kléber usa.

La bicicleta es el medio de transporte que Kléber usa.EXTRA

No obstante, el trabajo y la necesidad de llevar la comida a los hogares lo impulsan a que culmine su labor. Desde las 08:30 hasta las 12:30 recorre el suburbio con su bici y su particular silbido.

“Yo les ayudo en todo a las caseras, menos fiarles”, dice entre risas. Él asegura que no es amigo de los ‘mañana le pago’, porque ya se le han escondido luego de haber preparado banquetes con lo que él vende. “Ya no salen de sus casas y hasta compran en otros lugares”, comenta este vendedor de mariscos que no le tiene miedo al sol ni al agua. 

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