La escena de horror y la perra que no se separó de su amo durante masacre en Guayaquil
La mascota permaneció junto a su cadáver e incluso continuó en el lugar después de que el cuerpo fue subido al vehículo de Medicina Legal

Nada apartó a Grifa del cuerpo de su dueño. La policía acordonó el área y militares colaboraron en el resguardo de la zona.
Ni el estruendo de las balas, ni la sangre, ni la presencia de policías, militares, familiares de las víctimas y curiosos alrededor de la escena donde yacían los cuerpos de cuatro personas, lograron apartar a Grifa, una perra mestiza, del cadáver de su amo.
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El animal permaneció durante más de dos horas (el tiempo que tomaron las pericias) recostado junto a su dueño. Incluso cuando el cuerpo fue embarcado en el vehículo de Medicina Legal, la perra continuó en el sitio, hasta que finalmente fue retirada por un morador.
El hecho ocurrió a las 23:50 del miércoles 18 de febrero en la ciudadela Las Orquídeas, norte de Guayaquil, específicamente en la intersección de la avenida Defensa Civil y séptimo callejón 24B, junto a una unidad educativa y un parque.
Este sector forma parte del distrito Pascuales, uno de los 12 distritos de la Zona 8, que hasta ayer registraba 46 asesinatos. En total, la Zona 8 contabilizaba 401 crímenes.
En el ataque murieron Gerasimo Eusebio Pibaque, de 68 años; Bruno Alessandro Troya Rodríguez, de 25; Luis Mariano Quijano Solís, de 45; y un ciudadano que no fue identificado porque no portaba documentos al momento del hecho.
Otras dos personas resultaron heridas y fueron trasladadas a una casa de salud. Una de ellas permanece con pronóstico reservado.
Los cuerpos fueron llevados al Laboratorio de Criminalística y Ciencias Forenses de Guayaquil.

Personal del plantel educativo realizaba ayer la limpieza de la sangre que quedó en el exterior.
La fatal noticia
La mañana siguiente, familiares de Bruno Alessandro acudieron al instituto forense. Su madre relató que se encontraba bañándose en su vivienda, ubicada a cuatro cuadras del sitio, cuando escuchó una ráfaga de disparos.
“Me asusté al escuchar los tiros. Al poco rato llegó un joven del barrio y le dijo a mi hija que habían matado a su hermano. Fuimos y confirmamos que era él. Mi hijo trabajaba en un frigorífico y esa noche salió cerca de las 22:00 a ayudar a limpiar el local. Estaba contento porque su hermana se gradúa el 5 de marzo y le iba a pagar el alquiler de la toga”, contó la mujer, con la voz entrecortada por el dolor de haber perdido al tercero de sus cuatro hijos.
Recordó que la mañana del miércoles su hijo se levantó temprano, fue a cortarse el cabello, luego la invitó a comer encebollado y en la tarde compartió con ella en casa.
Guayaquil
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Anny Bazán

Familiares de Bruno Troya acudieron a la morgue para retirar su cadáver.
El “parque de la muerte”
Un allegado señaló que el parque donde ocurrió la masacre es conocido como “el parque de la muerte”, debido a los múltiples hechos violentos registrados en sus alrededores.
Añadió que este ataque estaría relacionado con el asesinato de un cabecilla criminal ocurrido días atrás en la misma zona.
“Fue un ataque al azar. Les dispararon solo porque los vieron reunidos. Pedimos más presencia policial”, expresó el familiar de una de las víctimas.
En el sitio la mañana de ayer, además de los impactos de bala en las paredes del plantel educativo cercano, se observaron restos de sustancias sujetas a fiscalización, fósforos, casquillos y la cédula de identidad de Luis Quijano, todo en medio de charcos de sangre.
Según versiones de moradores recogidas por la policía, los responsables se movilizaban en un vehículo Chevrolet Sail blanco y portaban armas de fuego.
En la escena del crimen se recogieron 15 vainas percutidas y una bala deformada. (AEB)