SUSCRÍBETE
Diario Extra Ecuador

Carro Limpio, el taxista que recorre los barrios más conflictivos de Guayaquil de noche

Danny Mosquera conduce de madrugada en Guayaquil pese a la inseguridad. En apenas tres años lo han 'encañonado' al menos cinco veces

Carro limpio es taxista desde hace tres años, cuando el desempleo lo obligó a tomar está alternativa.

Carro limpio es taxista desde hace tres años, cuando el desempleo lo obligó a tomar está alternativa.Joffre Flores / Extra

Diego Alfonso Alvarado Franco

Creado:

Actualizado:

Guayaquil tiene 2,7 millones de habitantes y, según el último informe del Observatorio de Seguridad, 45 zonas consideradas de alto riesgo. Danny Mosquera, 47 años, las recorre todas en su taxi. Es sábado, fin de mes, y su jornada recién empieza a las 6 de la tarde. El celular no para.

“¿Buenas? Sí, listo, la recojo en la ‘Santiaguito’ a las 20:30. ‘Tranqui’, fijo caigo”, pacta. Afuera, la lluvia comienza a empapar la carrocería amarilla de su auto. Dentro, cada tanto deja escapar una ráfaga dulce de fragancia a frutos rojos. El carro reluce. Impecable. “Nadie nunca va a ver mi carro con polvo o con mal olor”, dice.

(Te puede interesar: Árbol cae en La Alborada y afecta dos vehículos y una vivienda: madre e hijo sobreviven de milagro)

Desde que en TikTok acuñó la frase “carro limpio, carro oloroso, chofer limpio, chofer oloroso”, Mosquera dejó de ser un taxista más. Ahora es Carro Limpio, el hombre que ‘taxea’ en los sitios donde pocos se arriesgan. El apodo no se quedó en redes: lo lleva tatuado en el antebrazo derecho, como un sello.

Cada diez minutos suena su teléfono. A veces menos. “¿Carro Limpio, me llevas a la Prosperina?”, “Carro Limpio, salgo de turno en Los Esteros, ¿vienes?”. Así lo buscan, casi siempre desde el ‘mapa rojo’ de la ciudad: Isla Trinitaria, Guasmo, Malvinas, El Mosquito y la Pablo Neruda son solo algunos puntos parte de su ruta.

Seguridad

“Yo no necesito aplicaciones. Tengo una cartera fiel. Me esperan lo que tengan que esperar. Me tienen confianza”, presume.

El 99 por ciento de sus pasajeros, dice, son mujeres. Mujeres que se mueven en la madrugada, que necesitan llegar a la Maternidad del Guasmo a las 3 de la mañana, que trabajan en turnos nocturnos o que vuelven solas a sus casas porque “Guayaquil nunca duerme”.

Sus fragancias con feromonas lo acompañan en su rutina diaria.

Sus fragancias con feromonas lo acompañan en su rutina diaria.Joffre Flores / Extra

Danny estudió Marketing y Publicidad. Trabajó en oficinas y empresas de consumo. Pero al cumplir 40 ‘vueltas’, el mercado laboral le cerró la puerta. “Pasada esa edad eres obsoleto en este país”, suelta. Entonces, escogió alquilar un vehículo para transportar pasajeros.

Casi al mismo tiempo, su hermana le insistió con TikTok. Él no creía que aquello sirviera. Pero grabó un video, dijo su peculiar frase, y 66 mil seguidores después, Carro Limpio se convirtió en su marca, que incluso se extiende hasta sus propios ambientadores con una caricatura de él en la etiqueta. “Le puse feromonas”, sonríe. “Pa’ que la gente también lo use como perfume”, explica”.

Sereno

Faltan cinco minutos para las nueve de la noche cuando el taxi se desliza por el sur. Danny llega a la cooperativa Santiaguito de Roldós. La intensa lluvia ha hecho crecer el agua y los callejones oscuros reducen la visibilidad. Pero llega. Angie Izquierdo y su familia salen de inmediato.

“Me ha hecho apenas tres carreras”, cuenta la joven mientras se acomoda en el asiento trasero. “Pero lo esperamos tranquilos. Él llega. Nos recoge de donde sea”, afirma.

Son unos 40 minutos hasta Socio Vivienda, en el noroeste. El sector pertenece al distrito Nueva Prosperina, que encabeza las cifras de muertes violentas en 2025, según datos policiales. Mientras conduce, Danny revela que su esposa lo sigue por GPS en todo momento.

“Mi mujer anda siempre con el corazón en la mano”, admite. “Pero ya está más tranquila. Lo que pasa es que cuando me quisieron secuestrar... uff, se asustó bastante”.

Cuando el taxi ingresa a su peligroso destino, Danny reduce la velocidad. No mira a los lados. Solo la calzada. Deja a sus pasajeros frente a uno de los bloques. Pero no se va. Apaga el motor y saca el teléfono.

En medio de aquella zona, un sábado por la noche, con la lluvia aún goteando sobre el capó, Carro Limpio empieza a tomar fotos. Graba contenido. Responde mensajes. Se ríe. Envía audios.

No tarda mucho, aunque cinco minutos que en este lugar pueden ser una eternidad. Él está sereno. Ajusta el espejo, rocía un poco más de fragancia y vuelve a encender el motor.

Su jornada apenas empieza

“Una vez me ‘vacunaron’ con cinco dólares en la (cooperativa) Pablo Neruda”, revela. Lo cuenta como quien relata un percance menor, un imprevisto en la ruta.

“Me pararon y me dijeron: ‘Oe, son cinco latas’. Los pagué y listo. Gajes del oficio”. Pero no todos los episodios tienen final un tan simple.

El de Fertisa, por ejemplo. Danny dejó a un cliente en ese punto a las tres de la mañana, vía Perimetral. Apareció una moto. Después otra. Después la tercera.

Danny realiza una transmisión en vivo durante una noche en Socio Vivienda.

Danny realiza una transmisión en vivo durante una noche en Socio Vivienda.Joffre Flores / Extra

“Me gritaron que me parquee. Ya sabía...”. No lo pensó. Aceleró y estrelló el carro contra un árbol. Prefirió chocar a que lo secuestren. “Quedé soñado”, recuerda.

Los delincuentes se bajaron de las motos, furiosos, y empezaron a golpearlo. “¿Eres muy avispado?”, le gritaban mientras le daban ‘garrote’. “Solo recuerdo que desperté en el hospital Guayaquil”.

Desde entonces, sale ‘soplado’ de cada destino peligroso apenas deja a los pasajeros. Pero no deja de entrar. “Si me pongo a pensar, no trabajo. Y si no trabajo, no llevo pan a mi casa. Tengo cuatro hijos”, expresa.

El láser verde y el rojo

En el Guasmo, calle 19 y ‘para adentro’, hay un hombre que alumbra. Verde es que puedes pasar. Rojo es otra historia. “Una vez una chica me dijo que la conocían, que pasemos nomás. Cuando siento... me ponen un cañón en el cuello”, relata.

Ella les dijo que era de la zona. Los sujetos armados la miraron: “Oye, tienes que avisar pues. Ponte que le vuele la cabeza a este taxista”.

Danny esperó. No habló. El ‘fierro’ se retiró. El láser dio luz verde. “Es que así es esto”, dice, pero su tono no es de queja, porque conoce que “cuando te toca, te toca”.

Le han apuntado con fusiles unas cinco veces. Le han ofrecido llevar ‘merca’ y se ha negado. Le han hecho videollamadas obscenas al número que él mismo publica para conseguir carreras. “450 contactos bloqueados”, revisa el celular. “Harta gente perdida”.

Pero también están quienes lo reconocen para bien. Aquella vez en Las Malvinas, cuando le iban a robar y el de la moto frenó a su compinche: “Oe, déjalo tranquilo, que ese ‘man’ es Carro Limpio, es harto destrabe (entretenimiento) en TikTok”. Respiró. Dio las gracias y siguió.

Miedo

A veces piensa en el miedo. Dice que “nadie es de fierro”. Que el miedo está siempre, pero hay que ‘digerirlo’, como se digiere el aroma a frutos rojos en los asientos, o la lluvia en el parabrisas, o la vibración constante del celular con nuevas carreras hacia los mismos lugares peligrosos.

Saca otro frasco de su ambientador. Lo rocía. “Pa’ la próxima carrera”, explica. Pone primera, toma la ‘Perimortal’ y se pierde en la noche.

tracking