Ola de calor en Guayaquil: Ciudadanos se 'asan' con temperaturas de hasta 34°C
Familias en sectores populares combaten el calor extremo con piscinas en las veredas y hasta mascotas sufren golpes de calor en la urbe

En la residencia de Solange la piscina se instaló en la vereda. Esa fue la salida rápida al calor.
El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) ha pronosticado que la temperatura en gran parte de la provincia del Guayas se mantendría entre 32° y 34°, por encima del promedio. Es decir, los ciudadanos sentirán que se están ‘asando’ bajo el sol y las primeras consecuencias, en ciudades como Guayaquil, ya se sienten.
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En las calles, los transeúntes buscan taparse hasta con pequeñas carpetas o documentos que portan y, de manera repetitiva, se abanican usando sus manos por el calor que incluso se percibe bajo sombra.
Veredas y piscinas: El refugio de los guayaquileños ante el sol extremo
En la urbe porteña, las familias en sectores populares han recurrido a la extensión de la residencia: la vereda, pues la ven como una salida rápida para aplacar la insoportable temperatura. Solange Astudillo, por su parte, fue una de las que no se complicó e instaló una piscina en la acera de su residencia, en Las Malvinas, en el sur de la urbe, para que su hija e hijastras se refrescaran.
Las niñas, siempre bajo la vigilancia de la adulta desde la ventana, chapoteaban y jugaban como si se tratara de su única salvación. Un rato conversaban; otro, en cambio, se movían, pero lo seguro era que agradecían por estar en el agua. “Ellas están de vacaciones y hay que entretenerlas un rato, además que el calor de hoy está insoportable”, mencionó Astudillo.
Aunque llenar la piscina implica destinar un rubro adicional a los gastos del hogar, Solange dice que “de vez en cuando” le da el “gusto” a las pequeñas y lo considera hasta necesario en medio de las altas temperaturas que podrían causar algún tipo de afección a la salud.
“Hasta el momento no nos hemos enfermado de ningún tipo de sarpullido, pero preocupa a los que tienen personas (adultas) mayores en sus casas, podría causarles alguna subida de presión”, comenta.

La familia de Miguel descansaba también en la acera mientras jugaba.
Los vecinos de Solange piensan muy parecido: es mejor estar en la vereda conversando con la familia que aguantando en el interior de la casa. Así lo dijo Miguel Cedeño, hombre de la tercera edad que con sus parientes instaló una mesa, sillas y una hamaca en su ‘metro cuadrado’ y pasó parte de la tarde jugando naipes y “refrescándose”.
El ingenio para no 'derretirse' en casa
“Salimos para coger aire, pero aquí tampoco hay aire (risas), parece que han ‘apagado’ el aire acondicionado”, bromea mientras lanza uno de sus ases bajo la manga, así como esperaba que sea la idea de ocupar su acera.
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Él asegura que, efectivamente, no soporta la temperatura dentro del inmueble de dos plantas y que, en su círculo familiar hay dos recién nacidos a los que no se les puede explicar que sienten incomodidad por el calor.
“Dígales a esos bebés que no lloren, que es el sol y el clima de Guayaquil lo que los pone de mal genio (risas). Es imposible, pero algo se hace”, refiere mientras señala cómo a uno de los pequeñitos, uno de apenas 2 meses, lo asomaron solo con su pañal a la ventana del piso alto mientras su mamá soplaba aire para refrescarlo.
Miguel, por su parte, lamentó que durante el toque de queda no podía estar en su vereda aplacando las consecuencias del aumento de grados centígrados pues se iba a ‘cana’ por irrespetar la restricción.

Jenniffer, vendedora ambulante, aprovecha los días de sol y harto calor.
Comercio y salud: Las dos caras del sol intenso
Jenniffer, una comerciante, por su parte aprovecha la época en la que el sol ‘golpea’ con fuerza a la ciudad, pues sus jugos y aguas bien heladas se venden con más frecuencia durante estos días. “El invierno es una época variable, pero suele ser de normal a alta, sobre todo cuando llueve. Nadie compra porque van con los vidrios arriba”, argumenta la comerciante.
En su caso, el más pedido es el jugo de mango que, aunque no siempre es fruta de temporada, ella deja madurarlos para que funcione perfecto en sus jugos.
Los animales de compañía, por otra parte, también sufren las consecuencias. La pequeña perrita de Kenya, una chihuahua de 5 años, sufrió de un golpe de calor durante el domingo 5 de abril, mientras la joven aprovechaba a pasearla en su domingo de feriado.
“La llevé al parque mientras hacía sol y admito que fue mi error, pero ella solo caminó en el césped que estaba bajo sombra de los árboles. Cuando ya la tenía cargada en brazos y me estaba retirando empezó a temblar de una manera extraña, como si tuviera convulsiones y parecía desorbitada; me asusté tanto que la llevé a una clínica veterinaria a unas pocas cuadras y me dijeron que era un golpe de calor”, detalla la muchacha.
Luego, la perrita fue inyectada con el medicamento indicado para fiebre. El ‘error’ de Kenya le terminó costando 50 dólares.