"Quiero hablar con el alcalde, se que no sabe de mi caso": habla extranjero afectado en Guayaquil
El peruano conserva la esperanza de que el primer edil de Guayaquil, Aquiles Álvarez, escuche su caso y le conceda una solución

Will recorre los escombros de su vivienda. Recuerda que allí se ubicaba el cuarto de sus nietos.
Will Gutiérrez, residente de la cooperativa El Limonal, en el norte de Guayaquil, continúa en la intemperie. Tras el desalojo ejecutado por el Municipio de Guayaquil el viernes 16 de enero, el hombre de 63 años, oriundo de Trujillo (Perú), aún no sabe cómo sostenerse ni dónde residirá.
“Me quedé en cero: sin trabajo, sin casa y hasta sin alimentos. No sé qué hacer”, dice entre sollozos.
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De manera improvisada, armó una pequeña habitación utilizando la pared posterior de la casa de un vecino. Con varias planchas de zinc delimitó el espacio en el que ha llorado, renegado, dormido y orado por una nueva oportunidad en el barrio que lo acogió durante 20 años.
A pesar de estar sin dinero, Gutiérrez recibió nuevamente a EXTRA con alegría y esperanza. Contó que pocos de los enseres que conserva son suyos, ya que la mayoría se perdió durante la demolición de su vivienda, donde también vivían sus dos nietos, de 10 y 7 años.
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La "cama" en la que descansa está formada por tres colchones usados y apilados, pues los suyos se dañaron con las lluvias recientes. La mesa donde reposan algunos utensilios de cocina logró rescatarla entre los escombros. “Al menos me quedé con el televisor; de milagro no se dañó”, asegura.
Will afirma que, tras la llegada de la maquinaria municipal, sus nietos se fueron con su padre. Él tampoco ha podido trabajar: se dañaron sus máquinas de confección de zapatos, desaparecieron cerca de 5.000 dólares que guardaba entre su ropa y teme dejar solo el lugar por miedo a perder lo poco que conserva.

Así es el cuarto en el que Will pasa sus días. No ha podido trabajar desde el 16 de enero.
Cuenta que el día del desalojo había salido al centro a comprar materiales para un pedido de tres docenas de zapatos. “Es lo único que me quedó”, dice señalando una funda arrinconada en su improvisado hogar.
Sus vecinos le han brindado ayuda con alimentos, agua potable y energía eléctrica. “Estoy seguro de que el alcalde no sabe de esto, quiero hablar con él. He seguido su gestión, soy su fan. Solo quiero que esto llegue a él. No quiero quitarle nada a nadie, solo un espacio para mí”, insiste.
El extranjero no tiene cercada la habitación y está expuesto a picaduras de insectos. Él tiene a la mano líquido para fumigar el pequeño espacio y aliviarse por unos minutos.
EXTRA publicó su caso el lunes 26 de enero. El Municipio respondió que el terreno era una “zona especial vulnerable” y que ya había sido notificado. Will lo desmiente y asegura que recibió un papel, pero que en el Cabildo le dijeron que no se preocupara.
Su vida ha estado ligada al calzado. Recuerda con nostalgia que su padre, de 84 años, es artesano. “De él aprendí a hacer zapatos finos. No quiero volver a Perú, como me dicen mis hijos. Me gusta Guayaquil. Solo pido una oportunidad más”, concluye.
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