Lara Ghione, la niña de 12 años con título universitario y un IQ de 132
La joven, que busca concientizar sobre la neurodivergencia, completó una formación universitaria mientras cursa el último año de la primaria

La joven rosarina finalizó recientemente la diplomatura en Community Management
Mientras la mayoría de los niños de 12 años se enfocan exclusivamente en terminar la escuela primaria, Lara Ghione ya cuenta con un diploma universitario en su currículum. La joven rosarina finalizó recientemente la diplomatura en Community Management en la Universidad Abierta Interamericana (UAI), donde aprobó sus exámenes finales frente a un jurado de adultos.
Lara, que cursa séptimo grado en la escuela Biró de Fisherton, demostró que su ritmo de aprendizaje no sigue los estándares convencionales. "Ya rendí y me recibí. Fue muy lindo, conocí personas de Neuquén y San Juan. Aprendí de diferentes culturas", relató la joven, quien aprovechó la pandemia para desarrollar habilidades digitales que hoy la acreditan como profesional en gestión de contenidos.
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Un cerebro que funciona "diferente"
El caso de Lara está enmarcado en las Altas Capacidades Intelectuales, combinadas con un diagnóstico de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad). Con un coeficiente intelectual de 132 —muy por encima del promedio nacional—, Lara ha tenido que enfrentar un sistema educativo que, en muchas ocasiones, no supo cómo integrarla.
Su familia relata que el camino no fue sencillo: cinco instituciones educativas rechazaron su inscripción o no pudieron ofrecerle las herramientas necesarias. "Me tenía que sentar a explicarles a las maestras que mi cerebro funciona diferente y que cada uno tiene sus tiempos", explica Lara, quien también ha sufrido episodios de acoso escolar por ser señalada como "distinta".
El desafío de la neurodivergencia hereditaria
La madre de Lara, Yamila Romero, descubrió a través del proceso de su hija que ella misma también posee altas capacidades, confirmando la teoría médica sobre el componente hereditario de esta condición. Romero admite que acompañar la curiosidad incesante de Lara fue un reto que a veces la "saturaba", pero decidió responder siempre con la verdad, incluso ante preguntas complejas sobre política o historia que la niña hacía desde los 2 años.

Lara demostró que su ritmo de aprendizaje no sigue los estándares convencionales
Un mensaje para el futuro
A pesar de sus logros académicos, Lara es enfática en pedir que se le trate acorde a su edad. "Me trataban como si fuera una prodigio y no me gusta ese trato. Soy una nena de 12 años", afirma, subrayando que su prioridad actual es disfrutar de su viaje de egresados con sus amigos.
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Lara utiliza hoy sus redes sociales y su formación profesional para abrir camino a otros niños neurodivergentes. Su objetivo es claro: que los docentes se capaciten para que otros estudiantes no tengan que ocultar sus capacidades para encajar. "Mi cerebro no sigue el mismo camino que la mayoría, pero llega. Y a veces, más rápido", concluye.