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Diario Extra Ecuador

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Por Dr. Alexander Cajas

Así como la luz disuelve la oscuridad, así el amor destruye al odio. Y los sonidos se convierten en bellas melodías y la vanidad al fuego de la virtud se convierte en humildad.

Te veo, madre mía, aún cogiéndome de la mano, llevándome a la escuela y besándome en la frente para que tu beso sea la guía que me oriente en tu ausencia. Pero todo sigue igual, camino a la transformación porque todo se purifica en el tiempo. Aquí están tu mismo sol, tu misma luna, igual parpadean las estrellas, el río parece irse y no se va y a veces regresa con más fuerza, inunda, pero igual se va.

Tú me ofreciste regresar y aún te veo en la lluvia que me refresca, en el trueno que me anuncia algún pecado, en el rayo que me hace meditar. Te veo en las flores, en la gaviota, en el colibrí. Te veo en la niña, en la joven, en la anciana; te siento en las gotas del rocío, te veo en las madres que sufren de la injusticia y la falta de gratitud.

Tanto amor, madres, porque son la esencia de la virtud que es en fin de cuentas lo único que permite la existencia de esta raza cósmica, transitoria e incomprensible para los que no creen en el amor y se sienten ofendidos ante solo su anunciación. Soy un buscador de silencios en pos de los secretos de mi alma rumbo a un universo ilimitado donde la sabiduría se acumula para formar los pensamientos.

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