¿Y entonces, qué hacemos?...

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¿Y entonces, qué hacemos?...

Que la humanidad migre no es nada nuevo, de hecho, muchos países son un ejemplo de que el emprendimiento de los migrantes puede traer mucho de positivo. “Alguien vio solo un desierto, alguien soñó Las Vegas”, rezaba una publicidad hace muchos años en relación con un emprendedor que dio parte de su vida por hacer crecer esa gran ciudad enclavada en medio de la nada. Y muchos de los llegados vienen con todas las pilas puestas.

Un ejemplo de la crisis migratoria es Colombia: miles de personas se han ido a la calle, desempleadas, por cuenta de ‘la hazaña’ en el poder del presidente venezolano Nicolás Maduro que expulsa a sus nacionales sin compasión. Estos, como es lógico, llegan a competirle por los puestos de trabajo o muchos oficios informales a los locales. ¿Bueno o malo? Que cada quien juzgue, pero lo cierto y demostrable es que el desempleo galopa al ritmo de una migración sin control.

¿Y entonces? ¿Buscamos ‘la fiebre en las cobijas’? Es decir, nos quedamos juzgando las consecuencias y no actuamos sobre la causa.

La economía ecuatoriana no es que pase por el mejor de los momentos. Negarlo es decir que la búsqueda del pleno empleo va muy bien. Y no es así. El asunto de la migración es profundamente serio. Debe ser abordado objetivamente. Como dicen: con corazón grande, pero con mano firme. Lo demás, solo serán pañitos de agua tibia.

FRASE: “Si fuera la patria como una madre cariñosa que da abrigo y sustento a sus hijos, si se les diera tierras y herramientas para sembrar, nadie abandonaría su patria para ir a mendigar el pan a otros países”, (Librado Rivera)