Opinión
Columnas: ¡No es la paz de los sepulcros!
Uno de los hechos más temidos en la Colombia del posconflicto era y es la dispersión de los actores armados.
Uno de los hechos más temidos en la Colombia del posconflicto era y es la dispersión de los actores armados. Es decir, de que aparecieran nuevos grupos surgidos de organizaciones anteriores ya desaparecidas como consecuencia del proceso de paz.
Esto llevaría a una mayor degradación de la guerra no declarada, pues los bandos en contienda se multiplicarían y el Estado, a través de sus fuerzas armadas, tendría muchos más enemigos que enfrentar.
Y esta es precisamente la situación, entre otras, que afecta a la frontera colombo-ecuatoriana.
Un grupo surgido de las entrañas de las hoy extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC), el Oliver Sinisterra, replica la estrategia de guerra de su inspirador. Esto sin sumar las otras formas de violencia que se dan en ese lugar.
El exministro de Defensa de Colombia y exembajador en Washington, Juan Carlos Pinzón Bueno, dijo en su momento que no haber negociado bien el acuerdo con la vieja guerrilla generaría este tipo de consecuencias, nefastas para la convivencia en ese país y, por lo que se ve, para los vecinos.
Cabe decir que no es la paz de los sepulcros la que necesita esa nación ni sus vecinos sino la armonía que permita construir espacios de entendimiento sin que medie la violencia. De allí la importancia de pensar en el diálogo como principal arma.
FRASE: “Para hacer la paz se necesitan dos; pero para hacer la guerra basta con uno solo. (Arthur Neville Chamberlain. Político inglés).