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Opinión

Desde la redacción: Carta para Horacio

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Por: Juan Manuel Yépez @juanmayepez

Imagino lo que debiste sentir, Horacio, cuando miraste a los ojos al sujeto que asesinó de un balazo a tu hijo Robert. Supongo que el dolor de haberlo perdido anestesió tu impulso natural de la venganza, porque a fin de cuentas, hagas lo que hagas, nada te lo devolverá. Admiro tu nobleza de querer hablarle, preguntarle por qué no solo le robó el celular y escapó sin hacerle daño... tal vez ahora estarían juntos haciendo planes, como siempre. Pero no, Robert ya no está, al menos físicamente, y ese vacío no se llenará jamás. Tendrás que aprender a vivir con eso, aunque yo no podría seguir sin mi muchacho, que pronto cumplirá sus 17 años. Te confieso que siento miedo cuando sale a la calle y hago lo posible por estar siempre cerca de él para que nada malo le pase. Sé que lo entiendes, Horacio, porque también intuyo que no fue fácil soltar su mano para que volara solo, pero eso es lo que hay que hacer, porque “tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma”, diría Kahlil Gibran. No sé de dónde sacaste la benevolencia para entender que el tipo no quiso asesinarlo, que solo pretendía arrancharle el teléfono para venderlo y poder alimentar a su familia, porque no conseguía trabajo por tener antecedentes penales, ya que hace dos meses y dos días había salido de la cárcel. No hay duda de que este hombre, que cargará su cruz eternamente, es el fiel reflejo de la sociedad artera, injusta, desigual, violenta, pero tu actitud demuestra que podríamos construir un mundo mejor si quisiéramos. Si la muerte de Robert, y la de miles de ecuatorianos que cayeron en manos de la delincuencia, sirve para civilizarnos, tal vez tu dolor habrá valido la pena.