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Opinión

La verdadera Navidad

Anthony de Melo, sacerdote jesuita nacido en Bombay, paseando con un amigo le decía. “¡Cómo me gustaría mostrarte lo que estoy viendo!... Pero tendrás que descubrirlo por ti mismo”.

Descubramos la grandeza de Dios a través de su obra magnificente. Tarea de la inteligencia del hombre es descubrir las maravillas del universo. Dios en su extraordinaria bondad nos manda a su hijo Jesucristo en Navidad para que lo conozcamos a través de él, no importa si es ateo, musulmán o católico, lo importante es saber si tiene conciencia de quién es este señor. Un hombre que solo pregonó el bien, el amor, la ternura, el perdón, la solidaridad, la paz ¿qué más puede pedir el hombre en la corta estadía en la Tierra? Si con solo el amor es suficiente, a través del cual nos esforzamos por comprender al otro, aceptarlo tal como es: con virtudes y defectos. Eso es amor y la vida es eso, la felicidad es eso, el éxito es eso, la única razón que justifica la existencia humana es el amor y esa es la esencia de Dios y de su hijo Jesucristo, que viene en esta época.

En la Navidad festejemos el amor que es Jesucristo, Dios en toda su dimensión y misterio. El amor no es apasionarse por algo o alguien. El amor es libertad, es alegría, es paz, es festejar con inteligencia y unas copas de vino o champagne hasta la alegría del corazón sin llegar a la barbarie. El amor es un estado del alma, y por tanto, existió siempre y por eso Dios hizo al hombre y la mujer juntos, jamás separados.

Si pudieras observar extasiado con tu corazón toda la belleza que te ofrece el mundo, tu dicha sería más asombrosa que tu dolor.