Opinión
¿Migrantes ricos sí, migrantes pobres no?...
Ahora el virus del egoísmo nos parece invadir, tenemos la “aporofobia”: el miedo, rechazo u odio hacia los pobres, los excluidos de esta sociedad desigual, los que no tienen nada para ofrecer, donde solo “damos para recibir”, en estas épocas neoliberales son el dinero y el mercado los que excluyen y crean parias.
La clases altas cierran los vidrios de sus autos y cierran sus puertas al que se ve mal, viste mal al que huele mal así sean sus parientes; la clase media tiene miedo de identificarse con ellos porque sus padres o abuelos fueron pobres y su ambición es solo hacia arriba, y para aplacar sus conciencias crean beneficencias y caridad y odian al que les habla de solidaridad y justicia social. Y están los pobres que se asustan porque “vienen a quitarles sus trabajos” les dicen los políticos, aunque ellos son siempre los más solidarios.
El Gobierno, en lugar de recibir a los venezolanos para la foto en Carondelet y al día siguiente cerrarles las puertas en la narices exigiéndoles el pasaporte, debería exigir asistencia económica para atenderlos a los imperios del norte que son los verdaderos culpables porque bombardean o hacen bloqueos económicos para quebrar países y en el caos apoderarse de sus recursos naturales.
Debemos educar en la compasión y la solidaridad, porque hasta el más desposeído siempre tiene algo que ofrecer para enriquecernos como personas.