Editorial: Comercio formal contra las cuerdas
El arancel del 30 % a productos colombianos encarecerá la canasta básica, afectará a empresas y podría impulsar el contrabando si no hay una respuesta

El Gobierno de Daniel Noboa impuso aranceles a Colombia.
Lo que muchos empresarios temían y trataron de frenar con llamadas, reuniones y diplomacia, ya nos cayó encima. El arancel del 30 % a los productos que vienen desde Colombia no solamente va a encarecer productos que están en la mesa de todos los días o insumos claves para la industria. También abre la puerta a un viejo problema: el contrabando. Cuando subir los precios se vuelve la norma, quienes ganan terreno son los que operan por debajo de la mesa, mientras el comercio formal y el consumidor pagan los platos rotos.
Frente a este escenario, el Gobierno no puede quedarse mirando. Hace falta una respuesta rápida y clara que amortigüe el golpe, más allá de los argumentos de seguridad que se esgrimen y de los intereses políticos que puedan estar detrás. La prioridad debe ser cuidar el bolsillo de las familias, que sentirán el alza en la canasta básica, y sostener a las empresas que dependen de insumos colombianos y que hoy ven amenazada su competitividad por una avalancha de productos ilegales.
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Mariela Rosero
Cerrar la puerta al diálogo es un error. Las diferencias políticas no pueden pesar más que el análisis técnico y económico. Colombia no es cualquier socio comercial; por cercanía, complementariedad y volumen, es un mercado clave que, al menos en el corto y mediano plazo, no tiene reemplazo.