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Diario Extra Ecuador

Editorial: Con una gotita todo se complica

Bajos voltajes, transformadores exigidos al límite y equipos obsoletos se combinan con una demanda eléctrica que sigue creciendo en los hogares

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El verdadero fantasma de los apagones no está solo en la falta de lluvias, sino en una red de transmisión que no aguanta ni una llovizna. El reciente corte de luz en Guayaquil y zonas aledañas dejó claro que el sistema eléctrico del país está caminando por la cuerda floja y que basta cualquier falla para dejar a miles a oscuras.

Lo ocurrido el domingo fue una alerta temprana, aunque ya anunciada, de lo que puede venir. El apagón no tuvo que ver con sequías ni con bajos caudales, sino con una infraestructura envejecida, frágil y sobrecargada. Desde hace tiempo, el propio Cenace ha advertido al Gobierno sobre el estado crítico del sistema energético, pero poco o nada se ha hecho para corregirlo.

Subestaciones como la de Pascuales, punto clave del último apagón, ya no garantizan un servicio confiable. Bajos voltajes, transformadores exigidos al límite y equipos obsoletos se combinan con una demanda eléctrica que sigue creciendo en los hogares. El resultado es un sistema que colapsa ante el menor problema y que pone en jaque a ciudades enteras.

Por eso, prometer que no habrá cortes de luz suena más a consuelo que a certeza. Decir que hay agua en Mazar no sirve de mucho si la red de transmisión no funciona como debería.

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