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Opinión

Editorial: Aurora gloriosa

Como todo proceso emancipador enfrentado a un gran imperio, la lucha independentista en lo que hoy es la República del Ecuador, tuvo incidentes trágicos, como la matanza de los próceres de agosto y las derrotas de la columna de Guayaquil, antes de Pichincha.

Pero el incontrastable anhelo libertario supo vencer graves dificultades y proclamar en una fecha como hoy de 1820, la libertad de esta ciudad que, desde entonces ha dado muestras irreprimibles de su libérrimo sentido colectivo.

El 9 de octubre no solo constituye la independencia de una ilustre ciudad. Es, sobre todo, la aurora que hará clarear la libertad de todo un pueblo y que posibilitó la jornada de Pichincha, con la cual concluyen las luchas libertarias de nuestro país que aún seguirá adherido al sueño del Libertador de su Gran Colombia que tuvo tan corto lapso de vigencia y se desintegró, dejando que el Libertador expresara su decepción diciendo que había arado en el mar.

Pero Guayaquil no perdió nunca lo que ha sido su destino histórico y aquí se dieron los hechos transformadores de la República, como la revolución marcista, la liberal-alfarista, condición de Guayaquil como portaestandarte de la libertad.