Opinión
Editorial: el delator cuestionado
El proceso que se sigue para descubrir si el vicepresidente de la República ha cometido los actos y hechos de los que se lo inculpa tuvo un dramático episodio el fin de semana pasado, cuando un íntimo colaborador del tío Rivera hizo denuncias graves.
El proceso que se sigue para descubrir si el vicepresidente de la República ha cometido los actos y hechos de los que se lo inculpa tuvo un dramático episodio el fin de semana pasado, cuando un íntimo colaborador del tío Rivera hizo denuncias graves, incriminando a Glas y al mismo tío en asuntos comprometedores.
Tanto el uno como el otro inculpado calificaron las denuncias como la reacción de un resentido, que pretende causar un grave daño moral, debido a un resentimiento que ocultó durante largo tiempo.
Sin embargo, la instancia correspondiente del proceso ha recibido las denuncias y ha iniciado las investigaciones para establecer la verdad del asunto que, si llegara a probarse, incriminaría seriamente al vicepresidente Glas, quien hasta el momento ha negado toda vinculación con su tío en los asuntos que se investigan y tramitan.
Lentamente avanza el proceso y no se puede pedir más celeridad porque las normas judiciales determinan unos trámites que no se pueden eludir; porque hacerlo significaría la violación de disposiciones procesales, cuyo olvido determinaría para los juzgadores un delito que se conoce como prevaricato. Entonces, hay que tener paciencia y barajar los días.