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Diario Extra Ecuador

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Por SILVIA BUENDÍA @silvitabuendia

Hasta noviembre de 1997 las personas LGBTI no podíamos luchar abiertamente por nuestros derechos porque ser homosexual estaba penado con prisión de cuatro a ocho años en Ecuador. Hasta hace veinte años la diversidad sexual solo podía ser entendida o verbalizada en nuestro país bajo la figura del delito.

Mucho se ha conseguido desde entonces. Pero recién este año, en los últimos días, se han dado tres hechos simbólicos improbables y maravillosos que me hacen pensar que el país avanza por la ruta de una igualdad imparable. Primero fue en Cuenca, el 24 de junio, la fachada de la Casa de la Provincia se iluminó con los colores del arcoiris y fue declarado edificio amigable con la población LGBTI. Luego, el 28 de junio, Día Internacional del Orgullo LGBTI, fue el Palacio de Carondelet, en Quito, el que se vistió de luces con los colores de la diversidad. Pero el sábado 1 de julio en Guayaquil sucedió algo insólito, la Alcaldía honró la lucha por los derechos de la diversidad sexo genérica, durante la marcha del Orgullo que estaba teniendo lugar en la avenida 9 de Octubre, iluminando La Rotonda, La Perla y el edificio The Point con los siete colores de la bandera LGBTI.

Estos gestos alientan y aunque puedan parecer pequeños, sí marcan un giro necesario para erradicar la homofobia estructural que todavía padece nuestra sociedad.

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