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Opinión

Maleantes operan desde las cárceles

Al llevar a cabo la Policía Nacional una reciente redada, luego de 4 meses de investigación, se logró detener, en Guayaquil y en Vinces, a 22 sospechosos de estar comprometidos con actos de robo, extorsión, narcotráfico y sicariato. Lo más sorprendente de este caso es el descubrimiento de que los “capos”, desde el mismo centro penitenciario “de alta seguridad”, dirigían las acciones delictivas de sus bandas, ordenando asesinatos y planteando audaces robos, amén del comercio de la droga.

Con este descubrimiento, que no es precisamente el primero en detectarse en el país, se establece nuevamente una gran organización y movilización clandestina que puede tener lugar solamente con la complicidad de funcionarios de la propia cárcel, sobre todo los guías encargados de controlar a los presos.

Y es así como se puede llevar a cabo la introducción de armas cortopunzantes y de fuego a las prisiones y también teléfonos celulares que sirven para dirigir y organizar a los bandoleros que cumplen las órdenes de sus detenidos jefes, con crímenes y atracos.

Además, esta introducción de revólveres, cuchillos, puñales, etc., ha permitido que se produzcan enfrentamientos entre los propios reos con víctimas mortales.