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Opinión

Editorial: El hambre creciente

Según investigaciones de organismos internacionales de prestigio es muy probable que al terminar este 2020, el hambre, que el año pasado llegaba a 690 millones de personas en todo el mundo, pasará a 820 millones. Y eso, en gran parte, por culpa del coronavirus que sigue azotando por casi todas las regiones del mundo.

Ya estamos viendo que el virus está recrudeciendo en Francia, Inglaterra, Alemania, España y otros países que se destacan entre los más prósperos de Europa. Y también en América, pues prácticamente los países más ricos del norte y del sur, como Estados Unidos y Brasil, son los que registran el mayor número de muertos.

Ya se habla mucho de vacunas y otros medicamentos que, se supone, ayudarán a contrarrestar los efectos del COVID-19, pero parece que esto está muy lejos de ser posible.

Sin embargo, llama la atención que en China, específicamente en Wuhan, donde se originó la pandemia, tenga un bajísimo número de muertos que no llega ni a los diez mil, mientras que en otras partes, como Estados Unidos, hace rato pasaron los centenares de miles de muertos.

¿A qué se debe tal descomunal diferencia? ¿Por qué los chinos no revelan algún secreto que tengan bien guardado, mientras crece la angustia y hasta la desesperación en otros países?

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