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Opinión

Editorial: Normas de Ripley

Hacer periodismo en el Ecuador se ha convertido en una tarea titánica desde hace más de diez años, cuando el poder decidió amordazar a los medios con una ley tan anacrónica como absurda, con el fin de lograr que se alineen a sus intereses políticos, so pena de una sanción jurídica o económica, dependiendo del caso.

Asfixiar financieramente a las empresas fue parte de una estrategia definida para erradicar la investigación de casos de corrupción, como en los hospitales, lo que afecta sus intereses, y para ello se condicionó hasta la pauta publicitaria. Por ejemplo, las marcas de licores no pueden anunciar sus productos en los medios tradicionales, porque se trata de un asunto de salud pública. Sin embargo, en el Ecuador de la posmodernidad, la publicidad de bebidas alcohólicas está por todas partes, en enormes vallas ubicadas en las carreteras, en las principales avenidas de la ciudad, en las camisetas de los equipos de fútbol y, sobre todo, en redes sociales, a la vista de millones de personas. Y esto significa inversión para competir en el mercado que bien se puede diversificar en una variedad de canales de comunicación. Las próximas autoridades están obligadas a revisar las disposiciones arbitrarias, que actúan como un factor de discriminación y atentan contra los derechos individuales, pero especialmente dificultan la libre empresa, en un país ahogado por la crisis y sin estrategias para superarla.

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