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Opinión

Editorial: Transporte y pandemia

La historia de la transportación citadina en el puerto principal es larga desde las épocas de las carrozas con cabinas al aire libre, hasta un moderno sistema con vehículos largos y cómodos, a veces articulados como existen en la Metrovía, pasando (hasta mediados del siglo pasado) por los tranvías eléctricos que comenzaron a circular en el año 1910, dirigidos por la Empresa de Luz y Fuerza Eléctrica.

En la actualidad, mientras en la capital de la república se preparan los quiteños para el uso del rápido y seguro metro subterráneo, en Guayaquil se anuncia que en noviembre se inaugurará la aerovía que en su primera etapa servirá para el traslado de usuarios entre nuestra urbe y la vecina orilla, es decir la población de Eloy Alfaro (Durán).

La gran paralización de actividades producto de la emergencia sanitaria que deviene de la pandemia del coronavirus, con un largo toque de queda y las medidas restrictivas que obliga a la población a quedarse en sus casas en la medida de lo posible, ha provocado una grave crisis económica entre los transportistas dueños de colectivos, cuyas unidades circulan con poquísimos pasajeros, a pesar de los gastos de combustible, mantenimiento y sueldo de conductores.

Y es que la gran masa de usuarios prefiere el uso de la Metrovía, presentándose de esta manera exceso de pasajeros, con la gran cantidad de unidades que están en reparación, lo que obliga a largas esperas en los paraderos y, por consiguiente, el retraso a las faenas diarias y regreso al hogar.

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