Así operaba el hostal donde armaban fiestas clandestinas con códigos secretos, en Quito
Estudiantes de medicina y profesionales de la salud habrían sido los farreros. Había precio de entrada y derecho de admisión.

La mayoría de personas dentro del hostal durante la intervención estaban en avanzado estado etílico.
Botellas de cerveza, tragos mezclados con guanchaca y, al menos, 30 personas alcoholizadas: ese fue el hallazgo que hicieron funcionarios de la Agencia Metropolitana de Control (AMC) dentro de un hostal del sector El Dorado, en el centro-norte de Quito.
Lo particular del caso fue que la mayoría de los asistentes vestía mandil. Según las indagaciones, algunos serían estudiantes de la facultad de medicina de una universidad ubicada por la zona; mientras que el resto, al parecer, es personal de salud de dos hospitales situados en el mismo barrio.
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El hostal fue clausurado y se inició un acto administrativo en contra del propietario, quien puede terminar pagando una sanción de 7.230 dólares por no contar con los permisos municipales para el expendio y consumo de bebidas alcohólicas.
Un lugar escondido
EXTRA acudió al sector para averiguar entre la comunidad sobre la presencia de este bar clandestino. La dueña de una panadería comentó que esa problemática los acompañaba desde hace varios meses.

El local fue clausurado. Esta es la segunda vez en dos años que les cierran el negocio.
Añadió que en varias ocasiones ayudó a estudiantes y médicos en estado de ebriedad a que tomaran un taxi, para que regresaran seguros a casa y no sean víctimas de la delincuencia.
Ricardo Dávalos, director de instrucción de la AMC, explicó que en 2024 ya habrían clausurado el establecimiento por no contar con el permiso de funcionamiento para un hostal.
Un foco de inseguridad
Por su parte, los vecinos informaron que desde ese entonces ya se realizaban fiestas clandestinas y encuentros sexuales. Uno de los moradores añadió que la propiedad es grande y se extiende hasta la parte trasera.
Esto habría permitido que los propietarios del lugar adaptaran varios espacios para convertirlos en discoteca o bar clandestino, según la fecha.

En el sitio había varias botellas con licor.
Por si fuera poco, habrían instalado algunas cámaras de seguridad en el exterior del inmueble para estar pendientes de los operativos de control. Además, estos dispositivos eran utilizados para certificar que los ‘invitados’ eran parte de la fiesta y no funcionarios camuflados.
EXTRA se contactó con estudiantes que habrían ingresado a este hostal e indicaron que las convocatorias se realizaban mediante grupos de WhatsApp o publicaciones en otras redes sociales.
Códigos secretos
Uno de ellos comentó que para mantener las actividades fiesteras en la clandestinidad solían crear códigos o cobrar entrada a un precio que solamente los invitados conocían.
Estos, al llegar al hostal, daban la información y si era correcta podían ingresar. Si no lo era, no había acceso al establecimiento y, por ende, tampoco a las farras clandestinas.