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Diario Extra Ecuador

Nueva disputa por la Feria del Libro de Quito 2026: el sector cultural, el más afectado

Mientras el Municipio suspendió la FILQ 2026 y el Gobierno anunció que sí realizará una feria en Quito, el sector advierte que el evento no es su único problema

El sector cultural es el más afectado por la disputa entre el Gobierno y el Municipio.

El sector cultural es el más afectado por la disputa entre el Gobierno y el Municipio.GUSTAVO GUAMAN

Daniela Moina
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La Feria Internacional del Libro de Quito (FILQ) 2026 dejó de ser solo un evento cancelado y pasó a convertirse en un nuevo frente de disputa institucional. Mientras el Municipio de Quito anunció su suspensión bajo el argumento de restricciones presupuestarias, el Gobierno respondió que sí habrá una feria en la ciudad, impulsada desde el Ejecutivo junto con la Cámara Ecuatoriana del Libro.

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En medio de ese cruce, el impacto recae sobre el sector cultural. Libreros, editores, gestores y escritores advierten que la incertidumbre sobre las condiciones en las que se realizará el evento afecta directamente a un ecosistema que depende de planificación, continuidad y espacios públicos para sostenerse.

De la cancelación al anuncio paralelo

El conflicto se abrió el 25 de marzo, cuando el Municipio de Quito confirmó que la FILQ 2026 no se realizaría, pese a contar con un presupuesto aprobado de USD 416.262. La Alcaldía atribuyó la decisión a la reforma al COOTAD, que —según sostuvo— restringe el uso de recursos para actividades culturales.

Un día después, la viceministra de Cultura y Patrimonio, Romina Muñoz Procel, rechazó esa versión. En un pronunciamiento público, aseguró que la normativa “no justifica técnicamente la cancelación” del evento, que la reforma aplica desde el 1 de junio de 2026 y que la partida presupuestaria 730205, destinada a espectáculos culturales, no ha sido eliminada.

Pero la respuesta del Gobierno fue más allá. El Ministerio de Educación, Deporte y Cultura anunció que Quito sí tendrá su Feria Internacional del Libro, organizada junto con la Cámara Ecuatoriana del Libro y la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo. 

La afectación no desaparece

Para el sector, sin embargo, el problema no se resuelve con un nuevo anuncio. En el mundo del libro, una feria de esta magnitud no se arma en semanas. Requiere meses de coordinación, confirmación de invitados, logística editorial y acuerdos comerciales. Por eso, más allá de quién la organice, el vacío que deja la suspensión ya genera efectos concretos.

El viceministerio de Cultura anunció la realización del evento.

El viceministerio de Cultura anunció la realización del evento.GUSTAVO GUAMAN

Sandra Araya, escritora, editora y miembro de la Asamblea del Libro, explica que la situación actual se suma a otros problemas que ya venían afectando al sector.

El primero es el encarecimiento de insumos como el papel, que proviene de Colombia, lo que eleva los costos de producción para editoriales independientes y pequeños proyectos.

El segundo es la retención de libros importados en aduana, una situación que ha generado retrasos en la circulación de títulos y costos adicionales por bodegaje. Según Araya, hay libreros con lotes retenidos sin explicaciones claras que deben asumir pagos extra para recuperarlos.

El tercer golpe es la propia interrupción de la Feria del Libro de Quito, que funcionaba como uno de los principales espacios de visibilidad, ventas y conexión del sector.

Un espacio que ya había cambiado de manos

La importancia de la FILQ también está ligada a su historia reciente. Hasta 2021, la organización de la feria estuvo en manos del Ministerio de Cultura. Luego pasó al Municipio de Quito, a través de la Secretaría de Cultura y la Red Metropolitana de Bibliotecas, el que asumió la continuidad del evento.

Para el sector, ese cambio convirtió a la feria en uno de los pocos espacios públicos sostenidos desde lo local para el ecosistema del libro. Ahora, con el anuncio de una nueva feria impulsada desde el Gobierno, vuelve la incertidumbre sobre quién la sostendrá y bajo qué lógica.

El valor del espacio público

Más allá de su dimensión comercial, la FILQ era vista como un espacio de acceso abierto a la cultura. “Estamos hablando de espacio público”, señaló Araya. “Esto está dentro de las competencias y los derechos, sobre todo, que tenemos todos al acceso al libro”.

Desde esa perspectiva, el riesgo no es solo perder una feria, sino perder un espacio accesible para la ciudadanía. “No es una cuestión de pagar por un espacio”, agregó, al cuestionar alternativas que trasladan los costos del evento a los propios participantes.

El temor: quedar fuera

En ese escenario, uno de los principales temores es que los actores más pequeños queden fuera. “Tengo la impresión de que nos quieren orillar de nuevo a que sean empresas privadas las que organicen la feria del libro de la capital”, advirtió Araya.

Eso implicaría mayores costos de participación para librerías independientes, editoriales pequeñas y proyectos emergentes, en un contexto donde sus márgenes ya son limitados.

La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda, quien figuraba entre las invitadas a la edición 2026, cuestionó la situación y la vinculó con un debilitamiento del sector cultural.

En redes sociales, señaló que la suspensión de la feria refleja un cercenamiento de la financiación al sector del libro, que ya opera en condiciones frágiles en el país. También cuestionó la contradicción entre proyectar la cultura ecuatoriana en escenarios internacionales y debilitar los espacios locales que sostienen a editoriales, librerías y escritores.

Una feria que sí funcionaba

Desde la Asamblea del Libro se insiste en que la FILQ no solo convocaba al sector, sino también al público. Araya recordó que la última edición tuvo alta asistencia. “Todos los días estuvo repleta, repleta de gente”, afirmó, al subrayar que existe interés por la lectura cuando hay espacios accesibles.

Por eso, para muchos, la discusión no es únicamente si habrá o no una feria en 2026, sino qué tipo de feria habrá y si mantendrá su carácter de espacio público.

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